la revista on-line de la facultad de Filología Hispánica de Poznañ

   

 

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 ¡Qué aproveche!

 

La cocina latinoamericana es, sin duda alguna, una de las mejores del mundo. Es una riqueza de sabores en la que podemos encontrar las influencias precolombinas de los indígenas, de los conquistadores europeos y los esclavos de África y del Caribe. Es una fusión en la que cada uno encuentra algo para sí mismo: platos con todo tipo de carne, inmensidad de verduras y frutas, pescados, mariscos... ¿Qué más necesita una persona? Parece que los latinoamericanos necesitan más, porque hay también una enormidad de platos no necesariamente comestibles para un europeo ordinario.

 

Uno de los ejemplos más ligeros es un animalito perfectamente conocido entre los niños polacos: el cuy. Lo que para nosotros es un amigo de juegos para los peruanos, ecuatorianos, bolivianos y colombianos es un delicado manjar, preparado por ejemplo con maíz, cebolla y pimiento.

 

Además, en Latinoamérica podemos encontrar sopas con ingredientes extraños. Un plato tradicional mexicano, la sopa llamada “el menudo”, está condimentado con las patas y las tripas del becerro. Es un guisado que tiene su origen en el conflicto en el que los campesinos mexicanos eran mandados a los campos de batalla para alimentar a los hambrientos soldados. Las sobras (que consistían en los órganos internos, rabos, lenguas etc.) eran dejadas para los campesinos, quienes, usando su imaginación, crearon una sopa donde se hizo buen uso de estos ingredientes. A su vez, en Perú, se puede comer sopa de motelo (tortuga), de rana y de mono.

 

Asimismo, los latinoamericanos comen varios tipos de gusanos. Los indios Ache, en Paraguay, ofrecen a sus invitados buñuelos de mandioca rellenos de larvas grasas. En Perú se consume “suri”, un gusano de cerca de 6 cm que se come estando vivo... No podemos olvidarnos tampoco de las hormigas y los grillos fritos empapados con limón. Los platos más exóticos de la cocina mexicana son los de insectos, como los chapulines y los escamoles (larvas de hormiga).

 

En la cocina latinoamericana se puede hacer un plato de todo. Se come ranas licuadas (las licuan en presencia del consumidor), testículos de toros, fetos de cualquier tipo de mamífero comestible, sesos de mono, incluso tacos de cucarachas. Los orígenes de ciertos hábitos alimenticios latinoamericanos hay que buscarlos en los tiempos de los antiguos pobladores que recolectaban todo tipo de animales para complementar su alimentación, que era pobre en proteínas y grasas. En suma, se puede tomar como muestra un refrán que se escucha frecuentemente en buena parte de México: “Todo lo que corre, nada, se arrastra o vuela, va a la cazuela”.

 

Ma³gorzata Szymborska©2008

II rok filologii hiszpañskiej