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 ¡Aquí hay quien aprenda!

   

La televisión española muchas veces nos abruma y hasta aplasta con la cantidad de telebasura que emite diariamente. Entre programas de corazón, talk-shows sin ningún objetivo e innumerables culebrones, no nos queda mucho para utilizarla como método educativo. Sin embargo, a pesar de lo pésimo que resulte el programa si lo vemos en un idioma que no sea nuestra lengua materna se convierte en una de las mejores herramientas didácticas. Uno de los mejores ejemplos que podemos tomar es “Aquí no hay quien viva”, una serie repleta de tópicos, situaciones cómicas propias de la idiosincracia española, estereotipos y castellanismos.

 

Aparte de aprender mejor el español de la península, podemos también compararlo con otros países de Latinoamérica o Europa, ya que la serie fue adaptada al extranjero. Por ahora se emitió en Chile; en Francia con el título de Faites Comme Chez Vous!; en Portugal bajo el título: Aqui não há quem viva, en Argentina se estrenó en enero de 2008 con un buen resultado de audiencia, en cambio, en México la serie se llama Vecinos, y aunque no es igual, está creada con los derechos de la serie original; en Colombia tenemos una adaptación local que empezó a emitirse en agosto de 2008, Πολυκατοικίας es la versión griega, de la que están grabando los primeros episodios. Sólo la versión italiana llamada Qui non si può viver tiene varios problemas ya que el personaje de Marisa, no puede salir fumando ni bebiendo debido a la estricta ley italiana.

 

Cada uno de los países tenía que adaptar la serie a su manera, para que pareciera más nacional, de ahí que conociendo la versión original podemos ver qué cambios y qué “nacionalismos” introdujeron los guionistas, aprendiendo muy fácilmente, sin ningún esfuerzo, las variantes del español de América, las diferencias culturales y hasta otros idiomas. Veámoslo con algunos ejemplos.

 

Lo primero que nos choca comparando los capítulos del Nuevo Mundo es la jerga hispana. Obviamente las palabras de la serie original están traducinas al español de cada país. De ahí que en España tenemos al señor Juan Cuesta repitiendo la frase “¡Qué follón!” (según el DRAE, follón: ‘alboroto, discusión tumultuosa, desorden, enredo, complicación’), mientras que en Colombia se opta por “¡Que chicharrón!", con el significado de trabajo complicado y desagradable. Su mujer, Paloma Cuesta, para dar énfasis a sus palabras termina las oraciones con un simple “Y punto en boca” que en Colombia aparece como"¡Calle boca, vuelva y diga!". El famoso “Váyase, señor Cuesta, váyase!” (paráfrasis del "Señor González, ¡váyase!" pronunciado por Aznar) gritado por Concha en cada junta de vecinos en Colombia equivale a "Renuncie señor Preciado[1]". ¿No os suena un poco comunista?

 

Naturalmente, muchos personajes de la serie tienen otros nombres, más cercanos a la realidad de cada uno de los países. También hubo cambios en los apodos, imprescindibles dentro de la comunidad. La famosa Lucía denominada como “la Pija” (DRAE: ‘Dicho de una persona: Que en su vestuario, modales, lenguaje, etc., manifiesta gustos propios de una clase social acomodada’) en Colombia aparece bajo el apodo "la Gomela" que igual se refiere a una persona que es, o aparenta ser, de una famila adinerada y lleva ropa de marca. Isabel Guerra en la versión española es “La Hierbas”, porque experimenta con "infusiones", velas y hierbas de dudosa legalidad, se convirtió en  Colombia en "La Avioneta" porque cuando habla con sus vecinos, su charla es enredada y curiosamente se ríe por cualquier cosa; mientras que en Argentina la llaman con un nombre del plato vegetariano típico argentino, es decir, “Milanesa de soja”, por las novedades culinarias de la época New Age que introduce. Belén y Alicia llamadas por su casera “golfas“ o también “guarras”, que son unas palabras típicas castellanas, en Latinoamérica tienen otro epíteto bonito:“cochinas”.

 

Aprendiendo el vocabulario, aparte de equivalentes fáciles como móvilcelular, tenemos una gama bastante amplia para hacer comparaciones. De ahí que los colombianos  no paguen con dinero, sino con plata; no coman lentejas, sino frijoles; no tengan culos, que suena muy vulgar, sino nalgas; tampoco “salen de marcha” como los madrileños de la calle Desengaño, pues los de la bogotana calle Salsipuedes “salen de rumba”. Además, en la serie encontramos frases bastante modernas y actuales. Por tanto, si un homosexual español declara públicamente sus  preferencias sexuales y sale del armario, el de Argentina sale del placard y el de Colombia sale del closet (para aclarar las cosas los dos se refieren al armario empotrado). Hasta podemos sacar algunas frases enteras que son como en la versión española, solo que con una pequeña diferencia: lo que para un peninsular es normal y corriente para un latinoamericano resulta demasiado vulgar, así que la única solución era suavizar un poco el español soez poniendo muchas veces eufemismos. En Colombia resolvieron el problema de la siguiente manera:

 

“Mi puta vida” –  “Mi perra vida”

“Tus nervios de mierda” -  “Tus nervios de mié...rcoles”

“¿Qué hace toda esta mierda?- “¿Qué hace todo este cachivacherío?

 

La versión portuguesa es más estricta aún. Evitan el uso de vulgarismos e insultos, especialmente aquellos que desempeñan la función de interjección, obligatorios para los peninsulares. Por eso, los guionistas utilizaron varias maneras para luchar contra el “español brutal”.

 

La primera opción era simplemente no usar tantas expresiones y omitir las que aparecen: de la frase “Coño, qué bonito ha quedado esto” tenemos solo “¡Qué bonito!”; en vez de “Joder, Emilio ¿cómo entraste aquí? aparece “Emilio, ¿qué haces aquí? En la original una pregunta hecha por Juan Cuesta para confirmar los rumores que corrían por el edificio sobre Alicia y Belén era: “¿Qué son putas?” y taduciendo la frase que apareció en la versión portuguesa tenemos: “¿Ellas son qué?”. Así, evitamos de manera fácil la palabra incómoda. La situación se repite cuando oímos hablar a José Miguel, niño de 11 años, por el teléfono: “Tío vas a flipar, las dos vecinas de arriba son dos putones.” La versión portuguesa en este caso sonaba: “Rodrigo vais te passar, sabes, essas duas miúdas lá de cima, elas são...” y aquí la madre corta la frase gritando al niño.

 

La cosa se complica un poco cuando los vecinos se insultan y si del diálogo recortásemos las palabrotas no quedaría casi nada. En estos casos los portugueses optaron por utilizar otras palabras como: gilipollasestúpida, putaprostituta, culorabo (aunque el equivalente sería cu) o en las frases: “Hostias, ¿qué hacemos?” – “Ay, ¿qué hacemos?”. Cuando Natalia no quiere comer, protesta: “¿Lentejas? ¡Ni de coña!”, en Portugal lo cambiaron por “¿Lentejas? ¡No me gustan!”. También la palabra golfa, que se convirtió en el apodo de Belén y Alicia, en Portugal está traducida como vadia, que según el diccionario de Porto Editora se aplica a la persona ‘que não tem ocupação ou que não quer trabalhar; ocioso,vagabundo’; mientras que, según citamos a María Moliner, golfa tiene también el significado de ‘prostituta o mujer excesivamente liberal en sus costumbres sexuales’, lo cual cambia bastante su uso y sus connotaciones.

 

En cambio, en la serie argentina los personajes gritan aún más que en la original. Aparecen bastantes insultos, no tan fuertes como en España, pero aún así tenemos baboso, pelado, tarado en vez de gilipollas, o carajo en vez de muchas castellanas.

 

Otro factor muy significante, aparte del lenguaje, son las diferencias culturales, ya que cada uno de los países tenía que adaptar la serie a su realidad, para que los espectadores vieran ciertas similitudes reflejadas en cada capítulo. Comparando, por ejemplo, la versión colombiana, notamos que es muchísimo más moderna, a lo mejor porque la estrenaron cinco años después de la original, en todo caso, se parece más a las telenovelas latinoamericanas, donde el edificio es gigantesco, los pisos ya no son pisos sino apartamentos muy espaciosos y amplios con casi el doble o el triple de superficie que los madrileños. El televisor con el que subía Roberto en el primer capítulo en Colombia se convirtió en un plasma, el perrito de Vicenta llamado Valentín, aquí se llama Gardel y es un york sherier. Marisa que en la versión colombiana se llama Finita está bebiendo ginebra en vez del famoso chinchón (anís fabricado en Chinchón, pueblo de la provincia de Madrid.)

 

Pasando ahora a Europa, en Portugal observamos que los vecinos son mucho más tranquilos, calmosos, despreocupados y no tan contestones. Sus hogares también parecen más tradicionales. En el dormitorio de los Cuesta, una familia típica española, tenemos colgados unos cuadros para decorar las paredes, mientras que en la famila correspondiente portuguesa en la pared tenemos, llamando mucho nuestra atención, un rosario marrón enorme y como si no fuera suficiente, desde la mesilla de noche nos mira una pequeña escultura de la Virgen, mientras que en Colmbia en el mismo sitio aparece un cuadro con una mujer medio desnuda, exponiendo sus curvas. Parece que la televisión portuguesa está educando un poco a la sociedad. En la escena en el ascensor cuando Alicia está habladno por el móvil y pregunta: “¿Quién es el cliente?” (en el edificio se decía entonces que montaron con Belén un prostíbulo), José Miguel, al oír estas palabras, mira a Paloma con cara de haberlo sabido todo y sonríe. En Portugal la madre está tapando los oídos al niño considerando inapropiadas las palabras de su convecina. Ciertas diferencias culturales podemos ver también en la ropa que llevan los protagonistas. La Marisa española normalmente lleva un chándal, zapatillas de colores y una sudadera y si lleva falda le acompañan unas medias de colores muy chillones (amarillo, rosa chicle, violeta). En cambio, la portuguesa lleva unos pantalones bastante elegantes del mismo color que la camiseta, normalmente verde oscuro, apropiado para personas de su edad. Su hermana Vicenta, una mujer elegante que siempre llevaba una falda hasta la rodilla, con lo cual parece más joven, en Portugal con la falda larga se convirtió en “abuelita de la paz”.

 

Eran solo unos ejemplos de lo curioso que resulta adaptar la serie en cada país. Los guionistas muchas veces son impotentes para reajustar los casticismos o elementos de la vida social. Por lo tanto parece interesante ver qué hicieron con  frases como:

 

Emilio: "A ver cuándo quitan ya los euros porque me estoy haciendo un lío".

Mauri preguntando a su novio: “Oye, ¿qué te vas a poner mañana para ir  a la boda? Que luego coincidimos y parecemos el Duo Dinámico.”

Roberto: “Era la segunda vez que la he visto llorar, la primera fue cuando Rosa perdió en Eurovisión.”

Mariano defendiendo contra Mauri su “peinado metrosexual”: “Tu deberías saber de eso, así lo lleva ahora Jesús Vázquez.”

Mauri intentando esconder su cara bajo las gafas del sol: “Dios, parezco la Pantoja.”

 

Era difícil también traducir algunos apodos, como el de Marta, la presidenta del edificio vecino llamada “la Pantumaca”, teniendo en cuenta que “el pa amb tomàquet” (literalmente, pan con tomate) o pantumaca, es una típica receta de cocina catalana, ya que la mujer es catalana y es llamada así por su fuerte acento catalán.

 

La verdad es que las comparaciones siempre son odiosas, así que, no vamos a opinar qué país adaptó mejor la serie, porque eso, lógicamente, es cuestión de gustos. En vez de eso, podemos comparar los tópicos, el vocabulario y las diferencias culturales. Si os interesa saber cómo se defendieron los guionistas en cada país, por ejemplo, con las frases arriba mencionadas, o cómo se celebra allí la Navidad y la Nochevieja, o cómo se van a casar Fernando y Mauri si las bodas gays están prohibidas en el Nuevo Mundo, os recomiendo que veáis por lo menos unos capítulos.

 

Nina Pielaciñska©2008



[1] Juan Cuesta en la versón colombiana se llama Juan Preciado.