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 ¿Libertad en el mar o fieldad a las alimañas? El código areniano

Mis ideas sobre el cuento “Adiós a mamá” de Reinaldo Arenas

 

Reinaldo Arenas no es, sin duda alguna, no tan conocido mundialmente como se merece. Últimamente (¡gracias a los cielos!) la temática areniana vuelve con la publicación de su aclamada autobiografía “Antes que anochezca” y con el estreno de la película de Julian Schnabel bajo el mismo título. Quizá su persona llegue a ser más reconocida y sus obras leídas tras el interés en su persona y su alucinante biografía.

 

Hay varios adjetivos con los cuales podemos describir a Reinaldo. Al ponernos a leer sus obras lo primero que choca es, en mi opinión, su propio lenguaje, su propio código, con el cual no en todo crea mundos diferentes, sino describe los que el conocía, de tal manera que el lector tiene que esforzarse para llegar a comprender ese código y compartirlo con Arenas como un secreto común que abre los ojos del lector y le permite entender más.

 

Algunos se preguntarán (después de ya tener los textos leídos, por supuesto) si las imágenes que crea Arenas en sus obras no son más que imágenes nacidas en la cabeza de un loco alucinante y que no tienen ningún sentido ni (¡mucho menos!) ningún valor literario. ¿Cómo puede tenerlo algo que está lleno de desilusión, de falta de esperanza y sin deseo de vivir? Puede, pues lo tiene, y mayor que todas las obras embellecidas de la literatura y demuestra la grandeza de su creador y tiene un nivel más profundo de lo que parace a primera vista.

 

Reinaldo Arenas nació en pleno campo entre las ciudades do Holguín y Gibara en la provincia cubana de Oriente en el año 1943. Estudió Filosofía y Letras, pero el régimen castrista le impide continuar la carrera ya que en el año 1974 se encuentra confiado en la prisión de El Morro, acusado de violación de menores. Tras sufrir persecuciones políticas tuvo que huir de la isla, junto con otros 125.000 cubanos, por el puente marítimo El Mariel y radicarse en Nueva York. Allí publica la revista literaria Mariel y obtiene las becas de Cintas y Guggenheim, así como el premio al mejor novelista extranjero publicado en Francia en 1969 (por la novela “El mundo alucinante”). Reinaldo trabajó como profesor visistante de literatura de la Universidad Internacional de la Florida y del Center for Inter-American Relations de Nueva York.

 

Sin embargo, su vida estuvo llena de tormentas interiores. Por un lado, el destierro y la añoranza de su propia tierra acompañada por la gran confianza de que pudiera vivir en Cuba, sano y no enfermo como en los EE.UU., ya que su cuerpo se vio con el paso de los años más y más desgastado por el virus del SIDA corría por sus venas (y, desgraciadamente, muchísimas dolencias más, entre ellas, incluso meningitis). Es aquí, quizá, encontramos la grandeza de Reinaldo, su genio y su fuerza. Ante todo lo malo que sufría en la vida, cada día, no se desanimó nunca, no perdió la esperanza aunque su literatura aparece tan llena de desilusiones... siguió escribiendo, creando su propio lenguaje de imágenes chocantes con las que llena las páginas de sus libros, imágenes que el lector tiene que traspasar y entender para llegar a ver el mundo interior de Arenas, de ese Arenas que puede educar y llenar de gran sabiduría a cada persona que quiere encontrarla en sus textos y escuchar con atención lo que él quiere decir, lo que quiere dar a entender. Cada persona es capaz de encontrar algo que la conmueva en sus obras, unos consejos que parecen ser respuestas a los problemas de la vida (o, AL MENOS, unos consejos los encuentro yo, animo a otros a experimentar libremente con él y buscar otras cosas o más consejos).

 

Reinaldo Arenas pone fin a su vida el día 7 de diciembre de 1990, al sentirse demasiado enfermo como para seguir escribiendo, y luchando por la libertad de Cuba, pues creía que estaba haciendo precisamente eso. Parece que logró algo más, abrir los ojos de mucha gente para que viera la gran injusticia que reina en todo el mundo, no sólo en la isla caribeña de Cuba.

 

Uno de los libros que quiero destacar (bueno, destacaría TODOS, pero...) es la recopilación de cuentos “Adiós a mamá” y el cuento del mismo título, que muestra de manera más simple el lenguaje propio de Arenas, su código.  Todos los cuentos, publicados anteriormente en revistas, están llenos de ferocidad donde todos los sentimientos más positivos del ser humano se confunden y mezclan con lo más oscuro de su alma. Sin embargo, como he señalado, de estos cuentos tan pesimistas y desilusionados, se filtra una gran pasión por la vida, tan grande que uno comprende lo valioso que es el hecho de existir.

 

El cuento “Adiós a mamá” es quizá el cuento que más choca y que más sentimientos despierta al leerlo por primera vez y sin usar el código que nos propone Reinaldo para entenderlo de manera correcta (no como un cuento de horror). Nos encontramos ante una situación difícil: cinco niños, entre los cuales un solo niño que fácilmente podemos relacionar con Reinaldo, rodean a su madre muerta. Lo que choca es que, a pesar de que el cuerpo se está pudriendo y deberían enterrarlo, las niñas no lo quieren hacer porque se trata del cadáver de la que fue su madre, la que les dio la vida y todo lo que poseían. Solamente el niño, sólo él, siente que el cuerpo apesta y que ya hay que deshacerse de él, que esa carne ya no es su madre y las moscas la están rodeando. Ya en este momento tenemos una clara connotación, que nos viene a la mente si sabemos alguna cosa de Reinaldo, la madre es Cuba, los niños son los cubanos atados a un régimen que deteriora el país, que lo convierte en algo de lo que hay que deshacerse para seguir con una vida normal. Las moscas y bichos que se apoderan del cadáver, a los cuales Reinaldo incluso da la palabra, son los castristas que tienen el poder de entrar y tomar en posesión de cualquier cosa, destruirla e incluso, llevar a la destrucción a personas inocentes (aquí, niños). Los chiquillos, aturdidos, se dicen que lo que ven es hermoso y bueno mientras que, en realidad, es una imagen terrible, sin esperanza, con la que hay que terminar. La trágica danza de la muerte que se empieza a crear en torno al cadáver de la madre lleva consigo las cuatro niñas, que se suicidan para formar parte de la gran fiesta de la muerte. Parece que el poder del régimen es tan grande que puede tragarse a la gente y dejarlos sin nada, muertos, sin esperanza ni vida. Sin embargo, el niño huye del lugar de la destrucción, huye y se lanza al mar, para vivir, para respirar esa brisa marítima. En su mente sabe que es un traidor, pero también su corazón se llena de felicidad. Está feliz, nada vale más que la vida humana, y el ser humano tiene derecho a vivir su vida libre, como un niño inocente en las olas del mar, dando la espalda a la injusticia, deshaciéndose de ella, huyendo de todo el mal que crean personas malvadas, las moscas, bichos y gusanos. El hombre tiene la fuerza suficiente para no formar parte de la maldad.

 

Este cuento es sólo uno de varios en los cuales el lector encontrará verdades chocantes (me permito recomendaros “Viaje a la Habana”), tan simples pero al mismo tiempo tan olvidadas en los tiempos de ahora, donde cada día más personas se encuentran encerradas en algún tipo de régimen del cual no tienen las fuerzas suficientes para huir, sea en el campo político o en la vida cotidiana, cuando nos sentimos obligados a seguir unas reglas, reglas que no nos gustan y que van en contra de nuestra naturaleza, pero que no se pueden violar al ser reglas. Pero ¿qué vale la vida si la vivimos según lo que alguien nos dicta? Nada. Esto es lo que nos quiere mostrar Reinaldo, esto es lo que nos quiere enseñar, para que nosotros no tengamos que tomar las decisiones que él fue obligado a tomar, para no vivir en un mundo que nos es el nuestro, propio.

 

Poznañ,7 de enero de 2006© Agnieszka Ma³ecka

(hmmm, día significativo)

 

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