la revista on-line de la facultad de Filología Hispánica de Poznañ

   

 

agregame a favoritos|contacto
Internet EsPa'Ti

 
     Portada
     Actualidad
     Vida Universitaria
     Mundo Hispano
     Literatura
     Críticas y análisis
     Traducción
     Nuestras obras
     Entrevistas
     Literarias
     Otras entrevistas
     Cultura
     Cine
     Música
     Deportes
     Artyku³y po polsku
     Enlaces
     Mapa del sitio
     Contacto
 
 

 El extraño asesinato de la sala dos

 

No tenía opción, era su vida o la mía. Desde que empezó a frecuentar la biblioteca supe que tarde o temprano terminaría por hacerlo. Bien pudo ser ayer o mañana, el día de hoy no tiene nada de especial. Era cuestión de tiempo. Ahora mismo no tengo ganas de salir corriendo, no quiero, no creo poder. Me faltan piernas. Tampoco le tengo miedo a que me encuentren. En realidad creo que ya no le temo a nada. Aquí voy a estar hasta que se atrevan a buscarme, sí. Aunque no sé si algún día sabrán que fui yo. Sinceramente es algo que me tiene sin cuidado. Recuerdo que antes las cosas no eran así. Cuando los otros venían yo me sentía contento, sabía que pasaríamos momentos agradables. Estoy hablando de hace 30 años aproximadamente. Por aquél entonces todavía no abrían en la ciudad ese maldito centro de investigación que se disfraza de “sabiduría”. No es más que una guarida de asesinos. Todo ellos son así, descuartizadores, delincuentes seudo intelectuales. Por eso lo maté, por criminal.

 

Todavía algunas veces venían personas que buscaban un momento de reposo en esta sala. Es verdad que no siempre me visitaban a mí. Pasaban semanas enteras en que nadie se acercaba por aquí. Pero cuando me venían a ver, yo ya estaba listo, lleno de entusiasmo porque no soy ningún histérico o amargado, más bien soy muy alegre. Desde que nací creo que soy así, como casi todos los que estamos aquí. Pero hay momentos en que uno ya no puede soportar más. Si siempre nos están perturbando y tratan de sobrepasarse con nosotros, alguna reacción debemos tener. La verdad creo que soy el primero que hace algo así. Al menos creo que aquí fui el primero. Y ya sentía que me estaba tardando. Confieso que tuvieron que pasar muchas cosas atroces para que yo me convenciera de estar haciendo lo correcto. Y debo decir que fui benévolo. Ellos siempre nos abren y separan nuestras partes, según que para entendernos mejor y poder hablar de nosotros sin equivocarse. Puras mentiras, de lo que más quieren hablar es de ellos. De nosotros hablamos nosotros mismos. Para eso tenemos voz.

 

Un día presencié cómo abusaba de una vieja en el fondo de la sala. Toda esa noche no pude descansar porque me recriminaba el no haber hecho nada para impedirlo, pero no podía. Me faltaron manos. Luego lo vi llegar a la mañana siguiente en busca de una joven que reposaba en el apartado de enfrente. Y es que no respetan edad ni género, mucho menos el origen. Alguna vez alcancé a escuchar a alguien que se quejaba y amenazaba con acusarlos con su padre. Pero parece que no escuchan ni tampoco les asusta que nuestros padres se enteren. Son muy pagados de sí mismos. Por eso lo maté, por soberbio.

 

Ya lo venía pensando desde hacía un par de semanas. Para matarlo sólo podía valerme de mí. Nadie más, aunque quisiera, podría haberme ayudado. Esperé a que se me acercara. Lo dejé que me tomara entre sus manos y que me empezara a ojear. ¡Imbécil!, le gustaba olernos muy profundamente, como para quitarnos un poco de nuestra esencia. Permití que pasara sus dedos sobre mi lomo, sobre mis pestañas. Yo no hacía nada, sólo esperaba. Cuando llegó a la mitad de mi ser quiso olerme de nuevo. Fue entonces que lo rebané en la yugular. Murió rápido.  Hasta eso, fui benévolo con él. No me importa si vienen y me quieren llevar. La verdad es que me siento bien. Estoy tranquilo y así me voy a quedar. Aquí estaré por si alguien más quiere regresar con sus ganas de “investigar”. Mientras tanto, si los otros me quieren visitar, mi alegría siempre estará disponible para ellos.

 

José Miguel Barajas García©2005