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 ¿Existe una cultura española?

 

La ciencia de la cultura no es ni clara ni concisa, pero es evidente que el concepto de cultura nos rodea. Está presente en cada sector de la actividad humana. La palabra “cultura” invade nuestra vida, domina los medios de comunicación de masas, la vemos en la televisión, la escuchamos en la radio, la leemos en los periódicos, la masticamos con la comida. Nos hablan de la cultura popular, nos hacen conocer las bases de las culturas orientales, nos aconsejan practicar la cultura física. La omnipresencia del concepto de la cultura es incontestable. Pero ¿qué es cultura y cómo definirla? Resulta que el concepto en cuestión parece ser muy intuitivo, es decir la mayoría de la humanidad “siente” su significado, pero no sabe definir el fenómeno de la cultura en toda su extensión.

 

La cultura es una abstracción, una construcción teórica definida a partir del comportamiento de un grupo. Es conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico e industrial, en una época dada, de un grupo social. Finalmente, es el rasgo distintivo de la especie humana, basada en el cultivo del conocimiento. Así, el concepto de la cultura se opone a la concepción de naturaleza[1], es decir describe los comportamientos humanos propios a la razón y no al elemento de animal que cada uno de nosotros contiene.

 

Indudablemente, “el vasto mundo de la cultura” no podría existir sin intento de clasificarlo. Como el hombre quiere definir y ordenar todo lo que forma parte de su realidad, aunque sea una labor irrealizable, existe también un reparto tradicional en el ámbito de la cultura. Sin embargo, las divisiones varían según el criterio aplicado. Por lo tanto, tradicionalmente podemos dividir cultura, entre otros, en culturas nacionales y locales (criterio geográfico), culturas de una época dada: cultura de antigüedad, cultura romántica, etc. (criterio temporal) o culturas de un pueblo definido: cultura maya, cultura celta. No obstante, estas clasificaciones, como todos intentos de este tipo, tienen sus partidarios y oponentes. La más criticada es la división en culturas nacionales ya que establecer los límites tan estrechos siempre conduce a polémicas. A la luz de lo dicho surge una duda esencial. Si el concepto de cultura nacional puede ser erróneo, ¿existe una cultura española?

 

Para resolver este problema, es preciso aplicar una metodología determinada. Primero nos puede servir la definición descriptiva de la cultura creada por Antonina K³osowska, una socióloga y antropóloga polaca, que constata que cultura es una totalidad relativamente integrada que contiene los comportamientos humanos establecidos de acuerdo con modelos sociales comunes para una sociedad. Y la sociedad, por su parte, se define como conjunto de seres humanos que se relacionan unos con otros como resultado de participación común en los procesos de producción y en la vida cultural; como un conjunto de ciudadanos de un país o una ciudad. Así, una nación también constituye una sociedad. Si podemos hablar, sin duda alguna, de la sociedad española, o mismo de la nación española y si la cultura es el fenómeno social, igualmente podemos constatar que existe una cultura española. Lo confirma el antropólogo inglés A. Radcliffe-Brown diciendo que cultura y sociedad (nación) constituyen una totalidad inseparable.

 

De este modo entramos en el ámbito de polémica por la existencia de la nación y de la identidad española, negada por los separatistas, que constatan que hay nación y cultura vasca, andaluza, gallega, catalana, pero española no. Sin embargo, todas estas culturas tienen rasgos comunes ya que la cultura española se difunde entre todas estas culturas regionales. Se comparte el idioma (tanto los vascos o los catalanes entienden y hablan castellano), una religión mayoritaria, una serie de tradiciones folclóricas como la corrida, se comparten los canales de televisión y la prensa. Pero sobre todo, lo que une a todos los pueblos de España es la herencia literaria como las obras de Calderón, el Poema del Mío Cid y sobre todo el personaje de Don Quijote, fuente de orgullo de todos los habitantes del país llamado España, de Barcelona, desde Santiago de Compostela hasta Málaga. En consecuencia, las culturas: andaluza, vasca, gallega, etc constituyen unos sistemas autónomos que entran en el sistema más general de la cultura española. Y ésta, tampoco es independiente ya que forma parte de la corriente de la cultura occidental y europea. Así, ninguna cultura es autónoma, sino está formada por otras culturas menores del punto de vista del alcance territorial. Así, algunos partidarios del separacionismo afirman que aunque lo que existe, es la cultura andaluza, la cultura gallega, la cultura vasca, la cultura catalana, la cultura canaria, la cultura castellana, etc, todas ellas juntas, así sumadas, es lo que podemos llamar cultura española.

 

Por consiguiente, podemos arriesgar la constatación que existe una corriente de la cultura humana, un mainstream que tiene influencia en las culturas nacionales, locales y finalmente en la cultura personal de cada ser humano y que, al mismo tiempo, recibe las influencias de estas culturas. La cultura general es un “ente” dinámico, se encuentra en un eterno movimiento. Además, no sustituye a las culturas nacionales o locales, sino las enriquece y está enriquecida por ellas. Estos sistemas culturales menores, a pesar de la influencia externa, conservan sus rasgos distintivos, es el proceso de transculturación[2] que surge gracias al contacto de varias culturas y sus influencias recíprocas. Por lo tanto, podemos decir que existe una cultura española propia para el territorio de España que unifica, de algún modo, las culturas regionales y que recibe influencias de la cultura europea y cultura mundial.

 

A todo esto hay que añadir los factores legislativo y político que también pueden constituir una prueba de la existencia de la cultura española. Si tenemos el Estado español, las leyes generales vigentes en todo el país; si la gente se ve obligada a observar las reglas establecidas por el “centro” y respeta la Constitución; si la mayoría reconoce la autoridad de las Cortes y del Rey, los habitantes de este país están unidos por los lazos culturales propios a la cultura nacional. Aquí merece la pena mencionar otro punto del razonamiento de K³osowska que constata que la cultura tiene carácter instrumental y constituye un medio ambiente artificial creado por el hombre con el propósito de satisfacer sus necesidades. Así, como existe un país llamado España con una nación bien definida, aunque sea diversificada y comporte minorías separatistas, el hecho mismo de su creación y persistencia significa que este sistema artificial satisface las necesidades del pueblo que lo habita constituyendo un sistema cultural y nacional al mismo tiempo. A la luz de esto ¿podemos atrevernos a decir que la cultura española no existe?

 

Finalmente, cabe mencionar otros elementos unificadores que justifican la tesis de la existencia de una cultura española. Entre ellos se puede enumerar la existencia de costumbres parecidas en todas las regiones de España, la misma experiencia histórica o la herencia artística común. A todos los habitantes del país en cuestión les une el mismo proceso de formación por el que tienen que pasar, los mismos problemas de la historia nacional como, por ejemplo, el franquismo y sus repercusiones. Toda la nación, toda la sociedad de habitantes de España siente un orgullo por la herencia arquitectónica de los siglos pasados o por los artistas nacidos en las tierras españolas que lograron ganar fama internacional como Picasso, Dalí, Goya o Velásquez. No importa donde nacieron, en Barcelona, Madrid o Bilbao, puesto que forman parte del patrimonio nacional español como figuras clave para el desarrollo del pueblo.

 

No obstante, algunos se oponen a la existencia de una cultura española (y nacional en general) insistiendo en el hecho que, por ejemplo, una adolescente nacida en España tiene más en común con una checa de la misma edad que con un hombre español de cincuenta años. Sin embargo, los que comparten dicha convicción cometen un error de estudiar la cultura en sincronía, olvidando que es un fenómeno dinámico que solamente se puede analizar diacrónicamente, teniendo en cuenta su evolución histórica. La cultura se adapta a las necesidades del ser humano y el cambio cultural es una respuesta a la aparición de una necesidad nueva. En resultado, las diferencias entre culturas personales de los representantes de distintas generaciones no constituyen un argumento para negar la existencia de la cultura nacional, al contrario, demuestran el grado del desarrollo de la cultura en cuestión y el cambio de necesidades de la sociedad.

 

En resumidas cuentas, a la luz de lo antes mencionado, la existencia del concepto de cultura española, y cultura nacional si lo analizásemos globalmente, parece cierta. Aunque la ciencia de la cultura no da una respuesta unívoca, muchos argumentos comprueban que el concepto de cultura española no es nada erróneo ya que podemos encontrar numerosos factores que unen a los habitantes de este país como la herencia literaria y artística, los mitos y el folclore común o el sistema político. Al mismo tiempo, no se puede negar la existencia de las culturas regionales dentro de la cultura española, pero estas culturas internas no impiden el “funcionamiento” de la cultura nacional, al contrario la enriquecen y la hacen más atractiva. No obstante, en la actualidad es difícil seguir los cambios culturales al nivel nacional e internacional. Con el desarrollo de los medios de comunicación de masas apareció el fenómeno de globalización. En resultado, las fronteras entre las culturas locales y nacionales parecen menos nítidas que en las épocas precedentes. El mundo es cada vez más abierto y la cultura evoluciona a una velocidad increíble, pero, a pesar de esto, no podemos constatar todavía que las culturas nacionales están desapareciendo o desaparecerán dentro de poco porque todavía existe una cultura rusa, alemana, francesa, polaca y española, aunque los separatistas tengan mucho en contra.

 

Abeja©2005



[1] En antropología cultural, hablando de la cultura en oposición a la naturaleza se suele usar el término de “la definición genética”.

[2] El término inventado por el antropólogo cubano Fernando Ortiz en su ensayo sobre sincretismo cultural “Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar”.

 

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