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 El cantor de la ciudad

   

La portada del libro del escritor argentino Tomás Eloy Martínez El cantor de tango, traducido al polaco bajo el título Tango en Buenos Aires, parece evocar la imagen estereotipada del tango. Las piernas y los zapatos de un hombre y una mujer en un movimiento característico del tango, apoyándose sobre el sol argentino, indican al lector el contenido. Seguramente se tratará de pasiones, deseo y relaciones complicadas.

 

Después de leer unas páginas, ya empezamos a darnos cuenta de que el protagonista no sólo no baila tango, sino que tampoco está interesado en relaciones con mujeres (por la simple razón de ser homosexual). Siendo así, el tema se hace ya más difícil de adivinar, el lector intenta averiguarlo.

 

Conocemos al protagonista. Es un joven norteamericano, que escribe un trabajo académico sobre los ensayos de Jorge Luis Borges. Los ensayos tratan de los orígenes del tango. Un día, muy aburrido y desesperado por no seguir con su trabajo, oye la historia de un hombre de Buenos Aires, que canta tangos olvidados. Decidido a cambiar su vida y terminar la licenciatura, viaja a la capital Argentina. Allí empieza el período decisivo de su vida.

 

Conoce a un chico, con el cual empieza a mantener relaciones amorosas. Vive en la antigua casa en la que Borges situó su Alef y comienza a obsesionarse con esa creación ficticia del escritor. Además, intenta reconstruir la historia de Julio Martel, el cantor enigmático, y encontrarlo. Gradualmente se da cuenta de que la clave para entender al cantor y el país es la ciudad de Buenos Aires.

 

Julio Martel es un cantor conocido sólo por los especialistas y verdaderos aficionados al tango. No graba discos, su música es sólo accesible a quienes escuchan sus conciertos, celebrados en lugares inusuales e imprevisibles. Dirigido por el deseo fuerte de escuchar a Martel, el estudiante (se llama Bruno Cadogan) atraviesa Buenos Aires, encontrándose en lugares tan opuestos que es difícil creer que sean partes de una sola ciudad.

 

Así, la ciudad en sí misma se convierte en el héroe del libro. Para un extranjero es un laberinto, imposible de abarcar. Las calles cambian de nombres, hay barrios donde ni siquiera la policía quiere entrar por miedo a perderse. Los fragmentos de la ciudad de los cuales los ciudadanos prefieren no acordarse desaparecen del mapa. Un barrio famoso, Parque Chas, es construido en la base del círculo, y se conocen casos de personas que allí han entrado, pero ya no se las ha vuelto a ver... Durante siglos la capital ha sido testigo y participante en todos los hechos históricos, que han dejado su huella en su cara de hoy. El secuestro del general Aramburu, los acontecimientos de la guerra sucia... También la presencia de los artistas e intelectuales, como Borges, ha tenido influencia en la cara de la ciudad. Durante la estancia de Bruno, Buenos Aires también vive un período de crisis y riñas callejeras, conocido ahora como el argentinazo, y así da un ejemplo más de su actividad.

 

El personaje central de la novela, Martel, es consciente del pasado de la ciudad. Sus conciertos tienen como objeto celebrar lugares olvidados, o que han sido escenario del sufrimiento de una persona inocente. Por su frágil salud, no son recitales largos: canta dos o tres viejos tangos y desaparece, apoyado sobre Alcira Villar, su compañera de vida. Por eso es tan difícil encontrarlo, y su búsqueda se convierte en idee fixe de Bruno. Cuando por fin se encuentran, es en un hospital, cuando Martel ya está en fase terminal, cuidado por Alcira. En su lecho de muerte, el agonizante cantor deja a Bruno escuchar su voz, por primera y última vez. Las palabras que canta (con un dulzor incomparable, como nos asegura el narrador) son: Buenos Aires, cuando lejos me vi... Son también las primeras palabras pronunciadas en el cine argentino.

 

El significado de Buenos Aires no se restringe solo al de la capital: político o administrativo. Según el protagonista del libro, es el verdadero corazón de Argentina. La ciudad enorme, casi mística, difuminada por la niebla, que por a veces arropa a la persona, y otras hace que se pierda. Es la escena del pasado trágico y muchos crímenes misteriosos, que Martel conoce e intenta rehabilitar con su voz, ya que sólo el tango, la música bonaerense, puede sanar los lugares ocultos, quitar las manchas de sangre y los recuerdos dolientes.

 

Cuando muere Martel, el 1 de enero de 2002 (es también la fecha del fin del argentinazo), Bruno decide volver a Nueva York. Allí encuentra en la calle a un profesor de su universidad, que le cuenta de otro cantor de tangos viejos maravilloso, a quien escuchó por pura casualidad en un bar de Buenos Aires...

 

La continuidad será mantenida. Habrá otro cantor de tango y, aunque la ciudad seguirá cometiendo crímenes, siempre habrá alguien curando sus heridas.

 

Agnieszka Przychodniak©2008