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 Cuentos Ganadores del concurso

ESCRIBECUENTOS 2009

   

Abajo publicamos los cuentos ganadores del concurso Escirbecuentos 2009, igualmente nos gustaría darle las gracias a Eva Rufo y a todos los organizadores del concurso por el permiso de publicar las obras premiadas.

La redacción de EsPa"Ti

 

 

Primer Premio

 

Mai’ger, el ángel caído

 

Cada jueves en „La Tradición” puedes encontrar a Mai’ger, un ángel. Siempre está sentado en el rincón, bebiendo vodka de menta con hielo. Apesta a manteca.

Aunque su halo está ingeniosamente escondido debajo de su gorro, las alas sobresalen por la camisa. La verdad es que no creo que le importe. Tampoco le importa ir afeitado ni pagar.

Nadie sabe por qué Dios le echó de su reino. Pero una vez le di un cigarillo, se quedó mirando la puesta del sol y murmuró una sola palabra: “mujeres”.

Le gusta jugar al ajedrez. Nunca usa los alfiles, les llama sus “pequeños obispos”. Al principio mueve el peón situado más izquierda. Un vicio suyo.

Mai’ger sabe algunas frases en ruso. Cuando está de buen humor, te las dice pero normalmente te manda a tomar por culo. 

Algunos le preguntan por qué está allí. Entonces empieza a tocar su guitarra y rompe a cantar sobre el cielo perdido. Después nos dice que no hay un salvador mejor. Pero a esa hora está demasiado borracho para tomarle en serio. 

Me cae bien. Aunque me debe treinta zloty. Es tradición  tener un ángel en “La Tradición”. Un día será barman.

 

 

Mokry Seler mokryseler@gmail.com

(Bartek Drozdowski)

 

 

Segundo Premio

 

EL LAMENTO

 

Qué  silencio...

 

-Mira- dijo el viejo vestido de blanco –. Aquí tenemos a nuestro cliente habitual.

- Es un asesino, ¿verdad? – preguntó el joven.

El viejo frunció el ceño.

- Bueno, Malcolm ha matado a muchas personas, sí, pero no es culpa suya.

 

Un  silencio inexplicable...

 

- Esquizofrenía, demencia y ataques de pánico  – continuó el médico preparando la inyección –. Durante el juicio parecía totalmente sano. Dijo que sólo había cumplido ordenes de un hombre calvo, vestido de sangre. Le llamaba su Guardián.

 

¿Por qué ha salido ese  sol  negro? La nieve metálica que rodea nuestros cuerpos... el estallido del silencio que resuena, que sigue resonando...

 

- Cada tres días le traen aquí, le damos un calmante para que permanezca tranquilo, en un estado casi vegetal.

- Yo preferiría que me ejecutaran – respondió el joven.

- Tú no decides aquí, chico.

 

¡No! No quiero quedarme en ese océano gris, con otros hombres de piedra. ¡También soy de Gandahar! ¡No me dejéis así!

 

- Vale, ya está – dijo el médico mirando a su asistente –. Te acostumbrarás, chaval.  ¡Venga,vamos!.

- ¡Pobre cabrón! – susurró el joven cerrando la puerta.

 

¡No me dejéis!

...

Es demasiado tarde para la muerte, Guardiaán.

 

Qué  silencio... 

 

John Defoe Silvainconcurso@gmail.com

(Bartek Drozdrowski)

 

Tercer Premio (dos ganadores)

 

 

Un garito

 

¿Que si me molesta el humo de los cigarrillos? Últimamente menos. Probablemente mi organismo ya se acostumbró. A lo mejor es que en mi garito favorito han cambiado el sistema de ventilación. Antes el ambiente en los bares era diferente. Aparentemente, los homo sapiens conocidos por su sociabilidad se han tranformado en homo alcoholicus, para los cuales el mejor compañero de conversación es un vaso leal o la décimocuarta copa consecutiva.

 Voy a que durante último mes no he logrado hablar con nadie. Tampoco recuerdo contacto visual alguno. Y no es porque mi garito favorito esté oscuro... ¡Madre de Dios! Nunca he visto unas lámparas luminescentes tan brillantes. Para mí, el problema es la gente, aunque a veces pienso que tal vez yo mismo haya cometido alguna pifia, una de esas imperdonables, por los siglos de los siglos. Amén.

Y sí, claro que alguna vez me he hermanado demasiado con esa maravillosa sangría...

¡Hostia! Simplemente no sé qué he hecho mal. Pero eso no cambia el que mis amigos no me presten ninguna atención. Como si ya no existiese.

La verdad es que ya no me importa.

Lo único que me irrita es esa cuchilla en la espalda, horriblemente incómoda...

 

 

Turrón de la Muerte

opowiadaj@szeptem.pl

 

¡SANSEACABO!

El bar bien conocido y acogedor por la noche, a la luz del dìa me pareció frìo y ajeno. Paco me saludó desde detrás de la barra y me puso un carajillo. Eché un vistazo a la clientela: los viejales de turno, tres obreretes de monos amarillos, dos chupatintas con gafitas y el pelo engomado y una chica con ojeras. Me senté en un taburete, desplegué un periódico y empecé a leer en voz alta los titulares: “La crisisss....”, “El Gobiernooo...”, “Zapaterooo...” Los parroquianos del bar me ofrecieron unas miradas aburridas e indiferentes, rumiando los bocadillos y las ensaladas. Tragué el café, puse el periódico en la barra al alcance de la vista y les solté: “ Me han echado a patadas del trabajo, pero no lamento mucho. Estaba hasta los cojones de currar como un seven eleven, colgado de anfeta y cobrando un sueldo de mierda. Estaba hasta el culo de los chanchullos del jefe y de la empresa que tenìa puteados a sus empleados. Me asolaron esos findes durante los que me ponìa  hasta las cejas de cubatas y rayas. Me fastidió el polvo en la oficina, hecho a lo bestia, sobre una fotocopiadora o en el baño. La banda de lameculos, coñazos y faltones con los que me tocaba luchar cada dìa me chupó el cerebro.” Terminé. Me clavaron sus miradas intensas. Una làgrima de cristal surcó mi mejilla. Uno de los ancianos me dio palmadas en el hombro, el otro me abrazó tiernamente, la chica empezó a llorar a moco tendido. Cogì el periódico y sin decir palabra salì a la calle. Solté  una carcajada y eché el periódico con el cuento de certamen literario al contenedor de la basura. ¿¡Sanseacabó!?

 

Drak ibern@wp.pl

(S³awomir ¦ciesiñski)