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 España vs. Literatura "fantasy" o sea, entrevista a Juanma Santiago, el director de la revista "gigamesh", sobre leones, brujas y prejuicios

 

 

Al lado del gusto por crear unas obras realistas por excelencia, siempre existía y sigue existiendo el afán de los autores por crear mundos nuevos, irreales, utópicos o por predecir el futuro. En resultado, desde los tiempos más remotos, los escritos que intentan reflejar la vida cotidiana o la verdad histórica compiten con las obras que proponen otro punto de vista, más onírico quizás. Sin embargo, las dos tradiciones mencionadas sacan modelos e inspiración de la misma fuente: de la tradición popular y de los textos considerados como “canónigos”. Así pasa en todos los países, pero actualmente, en el mundo inundado por fantasía anglosajona, a menudo la creación de ciencia- ficción o “fantasy” de otros ámbitos culturales, pasa por desapercibida en el mercado editorial autóctono. Lo más frecuente es que en cada país los lectores, excepto el canon establecido por los expertos, conocen únicamente la obra “fantasy” de los autores anglosajones y de aquellos que provienen de la misma zona “editorial”.

 

En consecuencia, la redacción de EsPa’Ti decidió verificar cómo se presenta la situación del genero fantástico en el país de Cervantes. Por eso nos dirigimos a la persona que goza de gran autoridad en el medio de la fantasía española, o sea a Juan Manuel Santiago, el director de una revista barcelonesa especializada en la literatura fantástica, de terror y de ciencia-ficción. La entrevista que estáis leyendo constituye la respuesta a las preguntas esenciales de un estudiante del español medio, aficionado a este tipo de libros. Pero como siempre mi introducción se hace más y más larga, por eso, para que el texto no empiece a vivir con su propia vida, os dejo cara a cara con Juanma, libros, brujos y fantasmas (Abeja).

 

Un aviso: la entrevista es Extremamente interesante pero bastante larga, por eso, podéis igualmente descargarla en el formato [doc]. El enlace podéis encontrar al final de esta página.

 

EsPa’Ti -Para empezar: ¿qué dirías a la gente para que leyera esta entrevista?

 

Juanma Santiago -Agradezco a los lectores que lean esta entrevista, con la esperanza de que se hagan una idea de cómo son la ciencia ficción y la fantasía en España. Por población y por gustos literarios, España y Polonia son dos países muy similares y merece la pena abrir puentes para conocer mejor lo que estamos haciendo en los dos extremos de la Unión Europea.

 

EEres una autoridad en las cuestiones de la literatura fantástica en España, ¿podrías presentarnos en tu camino profesional?

 

JS -Soy licenciado en Historia Moderna y Contemporánea y desde finales de los años ochenta empecé a participar en tertulias y asociaciones de ciencia ficción. Colaboré con el boletín Pórtico de la Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción (de 1991 a 1994), fui uno de los editores del fanzine Núcleo Ubik (1994-1995) y he publicado relatos, críticas y artículos en publicaciones como Cyber Fantasy, Parsifal, Ad Astra, Artifex, Solaris, 2001 y Literaturas.com, así como en la página web www.bibliopolis.org. Dirigí la revista Stalker, sobre cine fantástico, entre el 2001 y 2003, y dirijo la revista Gigamesh desde el 2001. He participado en tres libros colectivos de ensayos: De Profundis: Antología crítica de literatura fantástica (2000, Artifex Ediciones, junto con Ramón Muñoz), Las 100 mejores novelas de ciencia ficción del siglo XX (La Factoría de Ideas, 2001, coordinado por Julián Díez) y Porque yo tengo un arma y tú no: El cine y la guerra de los Balcanes (Ayuntamiento de Benalmádena, 2002, en colaboración con José Miguel Pallarés). En la actualidad compagino las labores de prensa en Ediciones Gigamesh y dirección de la revista Gigamesh con las de ensayista y conferenciante.

 

E -Como Director de la revista “Gigamesh”, especializada en la literatura de Ciencia- Ficción, Fantasy y Terror, eres la persona mejor informada en el lugar que este tipo de libros ocupa en el mercado español. ¿Podrías comentarnos brevemente cómo se presenta la situación de estos géneros literarios en España? ¿Son libros leídos con frecuencia por los españoles?

 

JS -La situación actual es positiva. Por primera vez en toda la historia del género fantástico, existe una docena de autores semiprofesionales, con muy buenos fundamentos literarios, que publican de manera continuada en colecciones especializadas, son ambiciosos, escriben otros géneros y son traducidos a otras lenguas. Son el resultado de décadas de trabajo duro, y ahora están en condiciones de conseguir que el género fantástico sea respetable.

El mercado está bastante asentado. Hay muchas colecciones especializadas y, pese a que se edita mucha cantidad de novedades, de momento no se ha llegado a un punto de saturación que haga suponer que se va a producir una crisis. La compra de la legendaria editorial Minotauro por el todopoderoso grupo editorial Planeta-Agostini ha conseguido que el género alcance una mayor difusión, lo cual ha redundado en un aumento de ventas y oportunidades para todos. También ha surgido una nueva generación de pequeños editores como Ediciones Gigamesh y Bibliópolis, procedentes del terreno amateur (el llamado fandom) y que estamos apostando por la mid-list de calidad (los títulos que no son best-sellers y que por tanto entrañan cierto riesgo comercial para las grandes editoriales), por los autores nacionales y por los no anglosajones. Hay mucha oferta, y muy interesante.

Las revistas especializadas también atraviesan un buen momento. En paralelo a la desaparición de los fanzines y la proliferación de foros de Internet, se han asentado cuatro revistas profesionales: Gigamesh, Asimov, Solaris y Galaxia, todas ellas interesantes y compatibles entre ellas. Las antologías Artifex, en las que aparecen los mejores autores en lengua castellana, han experimentado un salto cualitativo y a partir de ahora se presentan como libros profesionales.

Todo esto está redundando en una mayor difusión del género en España, pero la situación todavía no es la ideal. Volveré a ello en la siguiente pregunta. La literatura fantástica, igual que cualquier otro género como el policíaco, histórico o de aventuras, todavía no es apreciada por la crítica y tiene serios problemas para llegar al gran público, excepto algunos títulos y autores concretos (Tolkien, Rowling). Los autores españoles empiezan a ser bien considerados y venden más que nunca, pero todavía entrañan cierto riesgo comercial. En ese aspecto, todavía falta mucho camino por andar, pero las posibilidades de aceptación del género fantástico por el gran público son mayores que hace unos años. Todo ello se debe al mayor volumen de obras publicadas, la mejora en su difusión, la calidad de las condiciones de edición y una mayor apertura por parte de los críticos. La ciencia ficción y el terror siguen siendo géneros minoritarios y la fantasía vende más que nunca, gracias a los éxitos de El Señor de los Anillos y la serie de Harry Potter.

E -Muchos críticos y profesores universitarios menosprecian la literatura Ciencia- Ficción o Fantasy debido a varios prejuicios relacionados con este tipo de creación literaria. A menudo se la llama “subliteratura”. ¿Qué opinas de este punto de vista? ¿Existe alguna causa de este estado de cosas?

 

JS -Existe una causa histórica, y aquí voy a responder en parte a la siguiente pregunta. La crítica literaria y la docencia universitaria siempre han sido muy académicas y le han dado mucha mayor importancia a la corriente principal, de carácter marcadamente realista, que a las literaturas de género. Esto se debe a que los géneros literarios nacen en el siglo XIX, cuando la literatura se populariza, el público lector deja de ser el burgués acomodado (de gustos realistas o románticos) y llega a las masas, que requieren literatura de entretenimiento. De ahí que, en origen, los géneros literarios (fantasía, terror, ciencia ficción, policíaco, aventuras, western y romántico) fueran menospreciados, pues se publicaban en unas condiciones inferiores a la literatura «seria», en tiradas masivas hechas con papel barato (de ahí el concepto pulp); de hecho, siempre ha habido buena literatura de género que se publicaba fuera del pulp, pero que no era aceptada como literatura de género por el lector «culto». Al no aparecer publicada bajo la etiqueta «ciencia ficción», simplemente NO era ciencia ficción. Por eso, la crítica literaria y el mundo universitario siempre han aceptado como autores destacables a Aldous Huxley, George Orwell, Yevgueni Zamiatin, Karel Capek o M.R. James, mientras que menospreciaba a Isaac Asimov, Fredric Brown, Robert Heinlein, Robert E. Howard o H.P. Lovecraft: los primeros eran autores de literatura general porque publicaban en colecciones de literatura general, y por tanto eran literatura de calidad; los segundos publicaban en revistas baratas y colecciones especializadas, ergo eran literatura-basura.

En España, este fenómeno se ha visto agravado por una cuestión social: en el siglo XIX, la burguesía lectora era especialmente provinciana (de ahí que jamás haya habido una tradición fantástica, salvo excepciones como Gustavo Adolfo Bécquer), y las clases populares tenían una tasa de analfabetismo muy elevada, con lo que no se pudo desarrollar una literatura divulgativa científica que creara lectores de ciencia ficción. La crítica literaria y las facultades de Filología siempre han tenido unos gustos muy realistas, fenómeno que se exacerbó tras la Guerra Civil. Hasta los años sesenta no se empieza a producir literatura fantástica con cierta frecuencia, gracias a las colecciones de pulp locales, los llamados bolsilibros [libros de bolsillo] o «novelas de a duro» [porque costaban un duro, es decir cinco pesetas], que suelen tener una calidad literaria deficiente y son desdeñadas por el mundo académico. Al desarrollarse casi en la clandestinidad, la literatura fantástica adquiere un carácter de crítica social, muy ingenua, que no abandona hasta la muerte de Franco. A partir de los años sesenta y setenta, con más libertad política y creativa, eclosionan los géneros y se reivindican las literaturas en otras lenguas del Estado (catalán, gallego y euskera), lo que ayuda a que la crítica y la docencia adopten posiciones más abiertas. Empieza a haber críticos y profesores interesados en la literatura fantástica española, y no me cabe duda de que de aquí a unos años serán la mayoría; pero hoy por hoy, la crítica y la docencia están lastradas por una tradición inmovilista y realista.

 

E -Durante las clases de literatura española siempre se subraya la importancia del realismo en la literatura peninsular. Ya en los cantares de gesta que provienen de los territorios de España actual los autores deciden resignar de muchos de los elementos fantásticos presentes en las creaciones francesas. En la luz de esto ¿cómo se desarrolla la literatura fantástica en España? (siempre teniendo en cuenta la tradición realista).

 

JS -La literatura fantástica siempre ha ido a remolque de la realista. Como ya decía en la pregunta anterior, la crítica y la docencia siempre han sido realistas, lo que en muchas ocasiones ha impedido valorar la literatura fantástica española. Más que no existir, ha sido invisible, y ha encontrado su refugio en la metáfora política (hay una gran tradición literaria anarquista y utópica en el siglo XIX, literariamente muy deficiente, pero significativa) y las literaturas en otras lenguas del Estado y otras culturas no castellanas. La tradición catalana siempre ha sido muy realista, pero su gran obra seminal, Tirant lo Blanc, contiene elementos mucho más fantasiosos que el Poema del Cid, y autores como Pere Calders, Manuel de Pedrolo y sobre todo Joan Perucho han escrito obras de género muy apreciadas por los lectores y críticos. La literatura gallega, por el contrario, siempre ha tenido una tendencia muy acusada hacia lo fantástico, con nombres como Álvaro Cunqueiro. El franquismo impuso un  canon realista y costumbrista que, más que eliminar, condenó al ostracismo a la literatura fantástica. Ya en los años setenta surgen autores como José María Merino que consiguen que el género empiece a ser apreciado por la crítica, pero son excepciones.

En la actualidad, el género escrito por autores españoles empieza a ser apreciado por el mundo académico, pero me da la sensación de que interesa más por aspectos sociológicos o históricos que por valores literarios. En cuanto a la crítica, es más abierta, y está empezando a valorar y prestar más atención a la literatura fantástica autóctona. La actitud del fandom (el ámbito de las publicaciones especializadas) ha sido perjudicial, porque ha pecado de un chauvinismo excesivo, que ha terminado por resultar contraproducente.

 

E -En las librerías españolas predomina la creación fantástica anglosajona y los autores autóctonos parecen minoritarios en el mercado. ¿Qué son los factores que deciden de esta situación?

 

JS -La costumbre. Igual que ocurre con el cine, las grandes obras maestras de la literatura fantástica suelen pertenecer a autores anglosajones, lo cual se refuerza con una mezcla insana de esnobismo y complejo de inferioridad: si es anglosajón, tiene que ser bueno; si es español, es malo. Esto explica, por ejemplo, que todos los autores de novelas pulp de los años sesenta (los llamados bolsilibros) publicaran con seudónimos anglosajones, que generalmente eran adaptaciones de sus propios nombres (así, Luis García Lecha se convertía en Louis G. Milk). Es cierto que, como en todas las literaturas de género, el mundo anglosajón marca las modas y el camino a seguir, pero hasta hace unos pocos años no se ha empezado a poner esta teoría en duda. La ciencia ficción anglosajona sigue siendo la más importante, pero los lectores empiezan a percibir señales de agotamiento y repetición, buscan novedades y dirigen sus miradas hacia otras literaturas, en un fenómeno paralelo al del cine (lo que explica el auge del cine oriental, por ejemplo) o la novela policíaca. De este modo, los lectores, que tradicionalmente habían mirado con escepticismo y prejuicios la ciencia ficción española, descubren un buen día que su calidad ha mejorado y que resulta tan interesante como la anglosajona. La creación de una conciencia europea y la búsqueda de novedades hacen que los lectores se fijen también en la literatura fantástica no anglosajona, gracias a la publicación en castellano de Andrzej Sapkowski. No obstante, sigue habiendo muchos prejuicios y la literatura anglosajona sigue siendo la más importante en cantidad y calidad de obras publicadas; pero el género fantástico escrito por españoles y no anglosajones va ganando terreno y ya ha dejado de ser un riesgo comercial. Para los editores, además, publicar a españoles es más barato y, dado que sus ventas se van equiparando a las de los autores anglosajones, empieza a ser incluso más rentable.

 

E -La creación fantasy polaca también está presente en el mercado español con las obras de Stanis³aw Lem y Andrzej Sapkowski. También se traduce otros tipos de literatura como las obras de Kapu¶ciñski, Tokarczuk o la poesía de Mi³osz. ¿Cómo comentarías esta presencia de literatura polaca en España?

 

JS -Cada vez hay mayor interés por toda la creación no anglosajona. La literatura polaca no es una excepción. Tradicionalmente, el único autor polaco conocido era Sienkiewicz. En el mundo de la poesía, Milosz y Szymborska gozan de gran aceptación y reconocimiento. En el ámbito del periodismo, Kapuscinski es un referente. Tokarczuk pasó algo más desapercibida, al publicarse en colecciones feministas. Y Stanislaw Lem goza de gran predicamento en España, primero como uno de los grandes autores de ciencia ficción a nivel mundial (siempre se lo ha considerado el mejor escritor de literatura fantástica no anglosajón) y en la actualidad como uno de los grandes autores del siglo XX en general. La reciente adaptación al cine de Solaris, la publicación de Provocación en castellano, que ha sido reeditada en apenas un par de meses, y la reedición en bolsillo de media docena de títulos suyos, hacen que la influencia de Lem sobre los lectores españoles (no sólo de género fantástico) sea ahora mismo mayor que en ningún otro momento. En paralelo, las novelas de Sapkowski gozan de gran aceptación, se reeditan a buen ritmo y están generando un fenómeno fan que las sitúa a la misma altura que George R.R. Martin en cuanto a aceptación de lectores y crítica. Aún se valora más lo que supone de novedad o exotismo, pero la situación está cambiando: Sapkowski ha sido la punta de lanza de un fenómeno más amplio, la publicación de autores eslavos de literatura fantástica, como Kiril Yeskov, las reediciones de los hermanos Strugatsky y Karel Capek o la próxima publicación de Felix Kres y Sergei Lukyanenko.

 

E -¿Has notado algunas diferencias entre la literatura fantástica de Europa y de Estados Unidos? ¿Sin conocer la nacionalidad del autor podrías deducirla al leer su texto?

 

JS -Existen diferencias. La literatura fantástica anglosajona es un subgénero en sí mismo, sigue un canon ya establecido y, como dice Julián Díez, forma una especie de «universo compartido», los autores se conocen entre ellos y están especializados en escribir acerca de temáticas concretas. Por ejemplo, David Brin no se mete en el terreno de Gregory Benford, del mismo modo que Ken McLeod no se mete en el de China Miéville.

La literatura fantástica europea no tiene en cuenta estas limitaciones. Es más fresca e intenta incorporar elementos de la tradición fantástica local. Un fenómeno como Andrzej Sapkowski no podría haberse dado en un país anglosajón.

A pesar de todo lo dicho, la fantasía anglosajona empieza a recoger influencias de otras culturas. Lucius Shepard o Ian McDonald escriben con elementos de realismo mágico. Nalo Hopkinson escribe realismo mágico caribeño, pero en colecciones de género. Algo está cambiando en la literatura anglosajona, es más permeable a influencias externas, pero sí es cierto que la literatura fantástica no anglosajona es más abierta y tiene menos prejuicios. En Polonia, como en España, se vive o se ha vivido recientemente un proceso de transición a la democracia, y eso se puede apreciar en el tipo de literatura que se escribe.

En respuesta a la segunda pregunta, no sé si se podría averiguar la procedencia de una novela. Tampoco creo que sea el objetivo a conseguir. Se escribe muy buena fantasía y ciencia ficción no anglosajonas siguiendo los modelos anglosajones, y muy mala fantasía y ciencia ficción no anglosajonas siguiendo los modelos no anglosajones. Es bueno (y creo que sería lo deseable) marcar diferencias y buscar una voz propia, pero no a cualquier precio. En España nació una manera de escribir género «autóctona», más de fantasía que de ciencia ficción, que busca conjugar los elementos fantásticos anglosajones con las leyendas populares; en cierto modo es lo que hace Sapkowski con la serie de Geralt de Rivia. Esa corriente, llamada irónicamente «cachava y boina» [una cachava es como se llama a un bastón de pastor], por contraposición a la «espada y brujería» (sword and sorcery) tuvo como precedentes a Gabriel Bermúdez Castillo y César Mallorquí, y dio apenas una docena de relatos, la mayoría de los cuales se publicaron en la antología Cuentos fantásticos de la España profunda. Aquello no tuvo continuidad, en parte porque se trataba de un movimiento ficticio, muy forzado, que muchas veces no iba más allá del chiste, y en parte porque pronto se vio que aquello no daba más de sí. La idea era muy buena, pero algo falló.

 

E -Y ahora puede ser una pregunta menos intelectual. Se dice que la literatura de terror, de ficción científica, etc. es la literatura masculina, o sea, la mayor parte de los aficionados a este tipo de literatura son los hombres, como también en la mayoría de los casos la autoría es igualmente masculina. ¿A qué se debe este fenómeno? ¿Es verdad o una invención feminista?

 

 

JS -Es verdad, aunque la situación está cambiando. Esto se debe a que el público lector es mayoritariamente femenino, con algunas excepciones, entre ellas la literatura fantástica. Tal vez eso explique por qué la literatura fantástica es un ghetto minoritario y no termina de tener un seguimiento masivo: desde siempre, le ha dado la espalda al público lector preponderante, que es el femenino. La ciencia ficción clásica exaltaba a un tipo de héroe que se correspondía con las fantasías de un adolescente masculino (que, por otro lado, era el lector tipo de las revistas de la época). La new wave cambió este esquema, con la apertura hacia otros mercados y la incorporación de escritoras que ofrecían su punto de vista. En la actualidad, la literatura fantástica escrita por mujeres (o la escrita por hombres, pero que aborda asuntos que pueden interesarle a las mujeres) está ganando terreno.

 

E -¿Podrías aconsejarnos algunos autores de la literatura fantasy española que vale la pena leer o traducir al polaco?

 

JS -Voy a dar muchísimos nombres, pero es que todo me parece recomendable.De los autores españoles de mainstream pero que publican literatura fantástica, sin duda recomendaría a Pilar Pedraza, que escribe una fantasía con elementos de terror, muy barroca y muy insana; sus novelas La fase del rubí y Las joyas de la serpiente, así como la antología Arcano Trece, merecen la pena. José María Merino escribe fantasía cotidiana con toques urbanos y sus temas principales son realidad y memoria. La novela La orilla oscura y la antología Cuentos del barrio del refugio son lo más recomendable que tiene. Cristina Fernández Cubas sigue la misma tendencia, aunque más próxima al terror: la antología Los altillos de Brumal es obligatoria. Doy por supuesto que ya se ha traducido al polaco La piel fría, de Albert Sánchez Piñol, una mezcla de terror y ciencia ficción que es el libro español de género más leído fuera de España. Pero sin duda la obra cumbre de la fantasía española reciente es Olvidado rey Gudú, de Ana María Matute.

De los autores españoles del fandom, los grandes clásicos son Gabriel Bermúdez Castillo (y sus novelas El señor de la rueda y Viaje a un planeta wu-wei) y Domingo Santos (que seleccionó Lo mejor de la ciencia ficción española, una antología de los mejores relatos de los años sesenta y setenta). Ángel Torres Quesada es otro de los precursores, con la estimable trilogía formada por Las islas del infierno, Las islas del paraíso y Las islas de la guerra. La nave, de Tomás Salvador, se adelantó a su época y es de las pocas obras de los años cincuenta que todavía resiste una relectura.

En lo relativo a autores recientes, mis preferencias están muy claras: Javier Negrete, Elia Barceló y César Mallorquí.

Negrete ha publicado La espada de fuego y El espíritu del mago, que forman parte de una serie de fantasía heroica muy bien escrita y que termina convirtiéndose en otra cosa. Negrete es un autor polivalente, que ha escrito humor (Estado crepuscular), aventura polar con elementos de ciencia ficción (Nox perpetua), novela erótica (Amada de los dioses) y literatura juvenil (Memoria de dragón). Su estilo es el más preciso, y juega muy bien con los elementos clásicos, pues es profesor de Griego en un instituto; al respecto, su obra más recomendable, que ninguno de vosotros debería dejar de leer, es El mito de Er, una ucronía en la que Alejandro Magno emprende una expedición al Polo Norte.

Elia Barceló ha sido traducida a varias lenguas y tal vez sea la más internacional de nuestros autores, en parte debido a que compagina su faceta de escritora fantástica con la escritura de novela policíaca y juvenil. Ambienta parte de su obra en la imaginaria región de Umbría, una especie de Macondo situado en el norte de España donde transcurren las acciones de sus dos mejores novelas: El vuelo del hipogrifo y sobre todo El secreto del orfebre.

César Mallorquí empezó escribiendo literatura fantástica y progresivamente fue dedicándose a la novela juvenil, terreno en el que ha publicado dos novelas fantásticas muy interesantes: La catedral y La fraternidad de Eihwaz. Como narrador «adulto» tiene una antología sobresaliente: El Círculo de Jericó, en la que aparecen dos o tres de los mejores cuentos fantásticos españoles de todos los tiempos.

También en primera línea hay que destacar a Juan Miguel Aguilera, Rafael Marín y Rodolfo Martínez.

Juan Miguel Aguilera publicó en colaboración con Javier Redal las novelas y relatos de Akasa-Puspa (Mundos en el abismo e Hijos de la eternidad, posteriormente refundidas en una sola novela, con el título de Mundos en la eternidad), la serie de ciencia ficción hard más satisfactoria que se ha escrito en España. También ha sido guionista de cine (Stranded) y es ilustrador. Su carrera en solitario arranca con el magnífico relato “El bosque de hielo” y continúa con dos novelas de aventura fantástica con elementos fantásticos, que están funcionando muy bien en Francia y que recomiendo sin duda: La locura de Dios (de ambientación medieval) y Rihla (una ucronía en la que América es descubierta por navegantes musulmanes del reino de Granada).

Rafael Marín publicó en Polonia su novela más importante, Lágrimas de luz, pero tiene una obra muy extensa, entre la que destacaría los relatos contenidos en Unicornios sin cabeza y La sed de las panteras. Fruto de su etapa de guionista para la casa Marvel es la novela Mundo de dioses. Su último trabajo es una novela de temática holmesiana (esto es, con Sherlock Holmes como protagonista): Elemental, querido Chaplin.

Rodolfo Martínez es otro de los autores más polivalentes del panorama español. Sus mejores trabajos son el relato “Un jinete solitario” y la novela La sonrisa del gato, ambientados en un universo ciberpunk con abundantes referencias a Lewis Carroll. El sueño del Rey Rojo sigue esta línea. Los sicarios del Cielo es su obra más conocida, una novela de fantasía urbana con aires a Neil Gaiman, con la que ganó el premio Minotauro de novela, el mejor dotado del mundo en su categoría. Sin embargo, su trabajo más «traducible» es el díptico, protagonizado por Sherlock Holmes, que forman Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos y Sherlock Holmes y las huellas del poeta.

Hay muchos más autores interesantes, y sería injusto no mencionarlos, pero creo que los más «exportables» son los que menciono. León Arsenal es uno de los autores de relatos más interesantes que tenemos (Besos de alacrán) y ganó la primera edición del premio Minotauro con Máscaras de matar, una curiosa fantasía heroica con elementos tradicionales hispanos. A Ramón Muñoz le falta una novela para confirmarse como uno de los grande autores españoles del género, pero tiene suficientes relatos como para publicar una antología estimable. También es muy interesante la obra de Eduardo Vaquerizo (que va a publicar la novela Danza de tinieblas, una ucronía en la que la Contrarreforma se impone en Europa), Víctor Conde, Santiago Eximeno, Félix J. Palma, Juan Carlos Planells, Lorenzo Luengo, David Soriano, José Antonio del Valle y Daniel Mares. Todos ellos tienen el nivel suficiente para ser traducidos a otras lenguas. Es muy interesante la Antología de la ciencia ficción española. 1982-2000, seleccionada por Julián Díez, que permite hacerse una idea muy completa de lo que ha sido el género durante las últimas dos décadas.

 

E -Y para acabar una pregunta diferente. Como un periodista y redactor jefe con experiencia ¿qué aconsejarías a los estudiantes que escriben para nuestra revista? ¿Existen algunas pautas (o trucos periodísticos) para escribir artículos que serán calificados como buenos?

 

JS- Hay un truco muy simple: tener una idea central lo suficientemente clara y saber defenderla. Puedes estar más o menos documentado, haber leído todas las lecturas necesarias o no, pero lo fundamental es que sepas qué quieres contar y adónde quieres ir a parar. Generalmente, las buenas tesis se pueden resumir en una sola línea. Intentad ceñiros al tema sobre el que estáis escribiendo: no sirve de nada que hagáis digresiones muy interesantes sobre asuntos que no tienen nada que ver con el tema del artículo.

 

E -Muchísimas gracias por las respuestas interesantes y detalladas, pero sobre todo gracias por consagrar el tiempo para elucidar algunos de los misterios de la creación fantástica en España.

 

EsPa’Ti©2005

 

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