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 "Flamenco" de Carlos Saura

 

Una mezcla picante de las melodías andaluzas, las canciones árabes, los lamentos judíos, las baladas castellanas y los ritmos africanos: el flamenco. El tema preferido de Carlos Saura, director y fotógrafo español; un maestro de las imágenes de danza, que a través de sus obras nos introduce en el mundo de la cultura flamenca. El mundo de la bohemia y los sentimientos muy profundos. Sin palabras. Toda la voz tiene la música.

 

En las películas de Saura (“Carmen”, “La boda de sangre”, “El amor brujo”), llenas de la música y el baile, el flamenco no constituye sólo el fondo, es algo más. Una parte de la fábula. En “Flamenco” (1995) el director nos muestra los orígenes de una de las más excepcionales tradiciones del mundo, pero también dice que el flamenco no es sólo el arte, sino el estilo de la vida.

 

La película reúne 98 minutos de baile y música en la realización de los mejores artistas (más de 300 personas) que representan los estilos muy variados: La Paquera de Jerez, Manolo Sanlúcar, Diego Carrasco, Joaquín Cortés, Agujetas, Manuel Moneo, Mario Maya, Fernanda de Utrera, Enrique Morente, Juan Manuel Cañizares, José Mercé, Manuela Carrasco, Chocolate, Farruco con Farruquito (¡a la edad de 12 años!), Carmen Linares, Paco de Lucía, Tomatito, Manzanita con Ketama y muchos otros. ¡La verdadera fiesta de la música y el baile!

 

Todo tiene lugar en la Plaza de Armas, vieja estación de ferrocarril, que transformaron por una escena. La película, fotografiada por un italiano, Vittorio Storaro, uno de los mejores operadores del mundo, se compone de una serie de las imágenes muy refinados. Aparecen varios tipos-palos-de la música flamenca: bulerías, fandangos, farrucas, villancicos, martinetes, rumbas...

 

Sin embargo, estos géneros tan distintos simbolizan la variedad de la vida humana. Las alegrías y penas, lágrimas y esperanzas, sufrimiento, el amor, anhelo, poder, nostalgia, esclavitud, infancia, vejez...

 

En el filme aparecen las personas en las edades muy diferentes: así tenemos tres generaciones. El niño- Farruquito-por su baile lleno de energía y frescura, la sensualidad de Joaquín Cortés y Manuela Carrasco, la seriedad, madurez y el orgullo de los ancianos (por ejemplo el cante de Chocolate) nos muestran que no es importante cuantos años tienes. El mundo del flamenco está abierto para todos. De verdad, hay que sólo vivir con pasión. El flamenco no es como el ballet: no tienes que dejarlo cuando cumples 30 años. Tener más años significa también más experiencias que se puede reflejar en el baile o la música; el“duende” nunca muere.

 

El flamenco es la filosofía, el arte de vivir. Este sentido trascendental profundiza el escenario mágico, pero muy sencillo. Todo se mantiene en el color anaranjado: caliente y pasional. Muy importante es la luz que colabora con los artistas al crear el ambiente extraordinario. Los gitanos se quejan de su fortuna hacia la luna, las mujeres bailan con los abanicos al amanecer...La verdadera poesía. Pero todo parece una improvisación. Domina la espontaneidad, tan tίpica de la mentalidad española. Las palmas, los gritos, las peleas. No sabemos si estamos en la actualidad o en los tiempos pasados.

 

La interpretación depende de nuestra imaginación. Tampoco sabemos donde se encontramos. A veces en la calle, a veces en un tablao, en un jardín, en una fragua... Los textos de las canciones multiplican nuestras dudas. Hay villancicos (“Villancico de Gloria”), textos populares (las bulerías), los cuentos infantiles (por ejemplo la fábula de la mariposa blanca) e incluso las poemas. El mundo del flamenco es un mundo onírico, “sonámbulo” como dijo Federico Garcίa Lorca cuyo “Romance sonámbulo” aparece en el fin. “Verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas; el barco sobre la mar y el caballo sobre la montaña (...)”: cantan los miembros del grupo Ketama y Manzanita. Quizás, ¿esta nostalgia de “lo verde” hace el flamenco tan atractivo? No sé, pero la película muestra que el flamenco es algo que se lleva dentro, que se tiene en la sangre. Sobre todo, es la emoción. Y por eso, es el arte tan sincero. Me atrevo decir que la obra de Carlos Saura es un homenaje a la más honda y pura de las músicas del todo mundo mundial.

 

Catalina©2006