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 El hombre "sentimental"

 

 

Manuel Vincent no pertenece al grupo de los escritores españoles muy conocidos y todo el que haya leído “La novia de Matisse” sabrá por qué. Vincent es sobre todo columnista – del diario “El País” en la actualidad– y eso se nota en cada frase de su libro. “La novia de Matisse” es una historieta agradable sobre las fuerzas curativas del arte y del amor, llena de escenas eróticas un poco clasicas. El protagonista principal es Michel Verdano, un marchante de pintura y hombre de mundo. Un día uno de sus clientes (un nuevo rico y diletante en el arte, Luis Bastos), le pide que se vaya a la cama con su mujer Julia que dentro de tres meses se va a morir de una leucemia maliciosa. Julia no es consciente de su grave estado porque el marido le da unos resultados falsos. Los tres se acercan a sí mismos en los diferentes planos; Michel vende a Luis otras pinturas, a Julia la introduce en el mundo del arte y al correr del tiempo todo va en dirección a un triángulo del mismo modo que aparece en “El hombre sentimental”, sólo que aquí el marido no es celoso y sobre todo no se puede comparar estas dos obras en el nivel artístico. Para la trama lo más importante es que Julia, bajo la influencia del contacto con el arte, recobra la salud.

Hay que añadir que Julia es guapa, joven, buena en la cama y es una gran cocinera. Michel tiene cincuenta y siete años, ha envejecido de un modo elegante y lo sabe todo del arte. Luis es rico y causa la impresión de querer a su mujer, pero la verdad es que no se sabe mucho de él. Luis es sólo un suplemento, imprescindible desde el punto de vista estructural,  para atraer a un lector al que seduce ya con la primera frase, que es la famosa proposición inmoral por parte de  un marido preocupado. Luego el autor dedica su atención a Julia y a Michel, a una pareja “formada en el Cielo”, según los criterios de cada galán envejecido con el complejo de Pigmalión. Julia posee todos los valores  corporales, pero no tiene los intelectuales, o sea, no es rival para el Maestro. El Maestro pude realizarse entonces en el campo pedagógico y educar el intelecto joven y listo de su alumna como si fuera arcilla. Además él descubre que es también un chamán que la cura de los padecimientos físicos a través de las experimentaciones estéticas, a la vez hace sombra a todos los grandes de la medicina contemporánea, impotentes frente la enfermedad de Julia.

Otro aspecto de esta relación (él, macho y taumaturgo, ella, moribunda, estando a merced de él) es un erotismo que raya en la necrofilia Julia, conforme peor se siente, es más atractiva, y Michel la ronda como un buitre que tiene hambre. Para equilibrar aparece otro arquetipo de hembra, Betina, esta vez llena de vida hasta tal punto que al final de la novela queda embarazada. El sexo es el único remedio para que Betina  se cure de su depresión. Sus fantasías e historias son unos de los mejores fragmentos del libro. También el personaje principal, la modelo que posa a un esbozo, comparte el papel del resto de las mujeres, que siempre son objetos nunca creadoras. La única excepción es la excéntrica pintora Beppo quien crea por norma pero la edad reproductiva ya tiene pasada, con lo que en la clasificación del autor ya no es mujer. Además aún como pintora se le trata con poca seriedad. Beppo desempeña el papel de personaje humorístico. Al fin y al cabo, el Maestro puede ser solo uno.

Pero dejemos de criticarle a Vincent por no saber crear a los personajes femeninos porque a los masculinos tampoco sabe. El protagonista principal, (no es difícil de adivinar), es una versión mejorada del autor mismo (quien también trabajó muchos años en una galería), una versión más joven, adelgazada y mucho más  distinguida. Así que la creación del personaje de Michel no era un reto difícil. Bastó con evocar el ideal de quien siempre había querido ser. En cuanto a Luis, el lector pudo preguntarse si éste es un personaje o solamente un accesorio, porque aparece aún más estereotipado que su mujer: un conejito de Playboy. Curioso que Luis dice una de las poca frases con sentido del libro cuando los tres entran a un restaurante esnob: “Me dan igual todas estas eminencias. Yo sólo quiero cenar”.

Para facilitarse el problema de la seducción de una mujer ajena por su alter ego, que parece moralmente dudoso, el autor da dos pasos. Primero, el marido está de acuerdo con todo, casi es el iniciador del todo, y segundo, los protagonistas se mueven en el mundo del arte (que al fin y al cabo en vano intenta ser del arte) por lo que no les conciernen las normas morales. Hablando de la moralidad, cabe mencionar una cuestión mucho más importante, es decir, ¿es moral mentir a una persona que está a punto de morir en cuanto a su verdadero estado? Bajo ese respecto “La novia de Matisse” evoca la pesadilla grafómana que es la escritura de Paulo Coehlo. La obra de Vincent parece al libro “Verónica decide morir” à rebours, en el que comunican a una mujer que está enferma de muerte, aunque en la realidad no lo está, lo que también es el motivo que le lleva a una exaltación metafísica sobre la belleza de la vida. En cada caso, la mentira de un macho era necesaria para construir la novela y eso parece justificarlo todo.

Para terminar, hay que apreciar el estilo de columnista del autor, que no aburre ni se extiende demasiado. Ha creado un libro agradable de leer, aunque no se trate de gran literatura. Y sobre todo tiene capacidad de observar a la gente. Al describir el mundo de los coleccionistas de arte, Vincent un par de veces se ríe de la actitud: “tener en vez de ser”, pero él mismo cae en una trampa mucho más maliciosa: en vez de ser, está.

 

Wersja w jêzyku polskim: "Mê¿czyzna czu³ostkowy"

texto: Joanna Sa³aciak©2005

traducción al español: Weronika Kurosz©2005

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