la revista on-line de la facultad de Filología Hispánica de Poznañ

   

 

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 Os invitamos a visitar Poznañ, una ciudad llena de sorpresas

  

Si un día decidís visitar Polonia, es imprescindible que paséis por lo menos una semana en Poznan no solamente para conocer a la gente de la filología hispánica de la Universidad Adam Mickiewicz, sino también y sobre todo para sentir el ambiente de la capital de la región de la Gran Polonia o Polonia Mayor. Por lo tanto, decidí animaros un poco presentando algunas de las cualidades de mi ciudad natal junto con una dosis digestible de datos histórico-turísticos y espero que al leer este texto sintáis una necesidad urgente de viajar a Polonia y visitar Poznan.

 

Poznan, un importante centro histórico, comercial y cultural, con una población de 568.000 habitantes (2006), constituye uno de los centros de comercio internacional más importantes de Europa, caracterizándose por una larga y rica tradición de ferias y otros eventos, que se han venido organizando para dinamizar el intercambio entre empresas del mundo entero. Asimismo, Poznan ha gozado recientemente de un gran impulso económico, siendo la ciudad polaca que se está desarrollando a un ritmo más acelerado después de Varsovia también en el sector de diversiones y eventos culturales.

 

Mi ciudad es conocida por la hospitalidad de sus habitantes y por sus tradiciones, pero al mismo tiempo se alza como una ciudad moderna, donde se puede comer bien (muy importante), pasar el rato en agradables bares y cafeterías (más importante), y disfrutar de cibercafés o hotspots en algunos de los puntos neurálgicos de la población (super importante). También es una ciudad universitaria, con centros, facultades y carreras de calidad, en diversos casos gozando de un notable prestigio.

 

Los ciudadanos de Poznan están orgullosos de sus raíces, vinculadas con la primera dinastía real polaca, y de su historia, que cuenta ya más de mil años. Según una hipótesis argumentada por diversos historiadores y arqueólogos, Poznan fue la capital del país en el s. X, aunque oficialmente la capitalidad primigenia se otorgue a Gniezno. Con todo, no puede menospreciarse el papel de la ciudad de Poznan en la formación de la nación polaca.

 

Durante bastantes años Poznan en general no pasaba por ciudad turística, frente a la fama de Varsovia, Gdansk o Cracovia. En la actualidad cada vez más visitantes deciden hacer una estancia en la capital de la Gran Polonia.

 

La visita de Poznan debería comenzar por la parte más antigua de la ciudad, la isla de Ostrów Tumski, donde se encuentra la Catedral y donde en otros tiempos se hallaba también el castillo del príncipe Mieszko I y de su hijo Boles³aw Chrobry (Chrobry, literalmente el Bravo), el primer rey de Polonia coronado en 1025. Su mausoleo está erigido en la Capilla de Oro, una de las capillas laterales. La Catedral de San Pedro y San Pablo se inscribe, como edificio, en el estilo gótico. No obstante, su estado actual se debe a la reconstrucción llevada a cabo tras los daños sufridos durante la II Guerra Mundial.

 

Cerca de la Catedral se alza el templo más antiguo de Poznan, la Iglesia de Santa María, que quedó intacta a pesar de los bombardeos. Aunque se construyó a mediados del s. XV, su historia empieza en el año 965, es decir, un año antes de la conversión oficial de Polonia al cristianismo tras el bautizo de Mieszko I. Gracias a esmerados trabajos arqueológicos, se constató que debajo del presbiterio de la iglesia reposaban los fundamentos de la capilla real que formaba parte del castillo de los primeros monarcas polacos.

 

El lugar más importante del centro de Poznan es, sin duda, la Plaza del Mercado (Stary Rynek, literalmente “Mercado Viejo”), una plaza mayor donde se alza el edificio renacentista del Ayuntamiento, construido por el arquitecto italiano Juan Baptista Quadro en 1536. Actualmente el Ayuntamiento aloja el Museo Histórico de la Ciudad, que atesora en su interior colecciones de objetos de uso cotidiano y recuerdos relacionados con la vida de la ciudad, desde su fundación hasta el período de entreguerras. Cada día a las 12:00 en punto en la torrecilla del reloj aparecen dos cabritos que hacen chocar sus cuernos doce veces para anunciar el mediodía. Se trata de uno de los puntos ineludibles de toda visita a Poznan. Una leyenda explica la particularidad del reloj del Ayuntamiento: Según una de sus múltiples versiones, cuando el maestro Bart³omiej terminó el primer reloj para la torrecilla, el alcalde decidió celebrar una gran fiesta para presentar el artilugio con gran pompa. Sin embargo, un torpe ayudante de cocina quemó la carne preparada para la fiesta. Intentando salvar la cena, quiso reemplazar la carne quemada por un plato que había pensado elaborar con dos cabritos. No obstante, los cabritos se escaparon de la cocina y empezaron a cornearse en el techo del Ayuntamiento. Al alcalde le hizo tanta gracia el espectáculo que perdonó al desdichado ayudante, y pidió al maestro Bart³omiej que colocara en el reloj las figuras de dos cabritos.

 

Dando una vuelta por la Plaza del Mercado cabe admirar las fachadas de las casas que dan a la plaza, construidas por la antigua burguesía de Poznan. La variedad de estilos arquitectónicos muestra perfectamente el desarrollo de esta parte de la ciudad. En los cuatro rincones de la Plaza se observan cuatro fuentes. La más antigua es la de Prosérpina, cuyo diseño data del s. XVIII. Las tres restantes (de Apolo, Marte y Neptuno) son construcciones recientes inspiradas en las fuentes del s. XVI, que suministraban agua potable a los habitantes.

 

Sin embargo, la isla de Ostrów Tumski y la Plaza del Mercado constituyen únicamente una “pedazo” de lo que ofrece Poznan como ciudad. Si tras leer este pequeño fragmento consagrado a la “comida para el alma” que ofrece la ciudad de Poznan todavía no tenéis ganas de visitarnos, posiblemente vale la pena escribir un artículo más sobre las cuestiones más terrestres y más juveniles. Así, no digáis “adiós” a Poznañ, sino mejor “hasta pronto”.

 

Abeja©2007