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 Aproximación a la obra de Rubén Daría a través de su poema autobiográfico Yo soy aquél (fragmento) Análisis literario de lo fatal

   

 

El poeta nicaragüense Rubén Darío (Félix Rubén Darío Sarmiento), el representante más significativo del movimiento modernista en Hispanoamérica, nació en el año 1867 en Metapa y empezó a escribir desde muy joven. En la formación del poeta fueron decisivos sus viajes y estancias en España, París y Buenos Aires. La aparición, en 1888, de su primer libro realmente importante, Azul, con el que rompe los viejos moldes, marca el inicio del Modernismo. Después, la publicación de Prosas profanas muestra el apogeo de este movimiento: el poeta se encuentra en plena madurez, se concentra en la belleza formal, escogiendo, sobre todo, la métrica más musical; además, recurre a los elementos mitológicos y orientales. En 1905 publica Cantos de vida y esperanza, libro que refleja sus dramas íntimos, su miedo a la muerte, su soledad y dolor espiritual. La muerte lo obsesiona desde siempre como cosa concreta que pondrá fin a los goces carnales, pero en este libro la temática se diversifica y se hace más grave. Darío muere en 1916 y tras su muerte el Modernismo avanza hacia su fin.

 

En los orígenes del movimiento modernista hay una rebelión contra el espíritu utilitario de la época y el materialismo de la civilización burguesa e industrial. Esta actitud inconformista y de rebeldía la manifestaron los escritores modernistas llevando una vida bohemia y despreocupada. En lo estético, el Modernismo desprecia la literatura inmediatamente anterior, la literatura realista. Se le reprocha su falta de sensibilidad artística y el reflejar solamente la realidad exterior cotidiana, además, usando un lenguaje descuidado.

 

La literatura modernista fue influenciada por dos movimientos literarios franceses de la segunda mitad del siglo XIX: el parnasianismo (caracterizado por la búsqueda de la perfección formal, el ideal de una poesía bella y refinada, los temas exóticos y la práctica del arte por el arte) y el simbolismo (que trata de crear una poesía que sugiera la vida íntima del poeta mediante correspondencias entre ella y el mundo de los objetos, busca ritmos que sugieran un estado espiritual semejante al del poeta). Los temas del Modernismo son básicamente la búsqueda de la belleza (que es la única manera de huir de la realidad cotidiana y de mostrar su desacuerdo con ella) y la expresión de la intimidad personal.

 

Darío logró la síntesis definitiva entre lo parnasiano y lo simbolista. En su obra hallamos los temas paganos, mitológicos, legendarios, exóticos, cosmopolitas o la intimidad doliente. Su estilo ofrece varios tonos: frívolo, sensual, patriótico... Asombra con su dominio de las más diversas formas.

 

 

Yo soy aquél es el poema que sirve de prólogo a Cantos de vida y esperanza. Según algunos estudiosos de Darío, con el verso inicial de este poema (Yo soy aquél que ayer no más decía) empieza la segunda etapa de su creación literaria. En español este verso se ha convertido en una nostálgica forma de decir que ya no somos lo que éramos. La autocrítica presente en la primera estrofa de Yo soy aquél hizo que muchos creyeran que hubo dos etapas distintas de la obra de Darío: en la primera se hubiera interesado más por la forma, en la segunda hubiera estado acosado por inquietudes artísticas y existenciales. Hoy los críticos creen que en los Cantos de vida y esperanza sólo se hace explícito lo que aparecía implícito en los libros anteriores: su angustia ante un universo absurdo, la fútil búsqueda de un ideal estético, la sensación de vacío interior, la engañosa naturaleza del lenguaje y la decepcionante consecución del amor erótico. En las dos etapas Darío expresa lo mismo, sólo que con diferentes convenciones poéticas.

El autorretrato de Darío es paradigmático del género dentro de una estética modernista que subraya la equiparación vida-obra y el control del autor sobre su mundo poético. La obra, la personalidad y las vivencias se funden. En su autorretrato Darío muestra su retórica preciosista y elabora una versión de su vida-poesía que le permite pasar por alto las condiciones tristes de su vida bohemia para subrayar la faceta artística de sí mismo: el culto, sensible y cosmopolita poeta modernista que logró infundir su visión personal a toda una época. Los dos primeros versos:

 

Yo soy aquél que ayer decía

         El verso azul y la canción profana

 

equiparan la vida a la literatura al identificar al poeta por el título de dos de sus libros principales: Azul y Prosas profanas. (Cabe señalar que el azul tiene un valor simbólico, para Darío es “el color de ensueño, el color del arte, un color helénico y homérico, color oceánico y firmamental”, como dijo él mismo.) Igual resultado obtiene al describir su vida en términos de un paisaje interior (su jardín de sueño). El jardín es la imagen de la vida interior del poeta, está adornado de los símbolos de su retórica (rosas, cisnes, tórtolas...). Observamos aquí el símbolo más característico de la poesía de Darío: el cisne, cuya presencia es obsesiva en sus obras y que contiene una conotación erótica, refiriéndose al mito de Júpiter y Leda. Sin embargo, es un símbolo ambivalente que a veces funciona como emblema de la belleza, otras veces simboliza al propio poeta.

 

En la tercera estrofa Darío hace referencia a la época anterior a la suya, la describe mediante una antítesis: y muy siglo diez y ocho y muy antiguo/y muy moderno. También evoca a dos grandes poetas franceses: Hugo y Verlaine, quienes tuvieron una gran influencia en su obra.

 

En la siguiente estrofa, Darío desarrolla su conflicto interior espíritu/carne, presente tanto en su vida personal como en muchos de sus textos. Normalmente lo representa por el símbolo de centauro (que expresa la dualidad alma-cuerpo a través de su naturaleza medio humana, medio animal); sin embargo, en este poema describe la estatua de carne viva habitada por su alma inocente, sentimental, sensible, sensitiva.

 

Habiendo señalado algunos rasgos característicos de la obra de Darío y los símbolos más utilizados por él, pasamos al análisis de Lo fatal, el poema con el que se cierran los Cantos de vida y esperanza, que constituyen la manifestación más intensa de la intimidad del poeta y, al mismo tiempo, la colección de versos menos modernista en un sentido estricto. Este texto, como el anterior, también tiene un carácter autobiográfico.

 

Lo fatal es un poema muy singular en la producción de Darío. Todos los elementos mitológicos que siempre utiliza en sus poemas quedan fuera. Se aleja de la pomposidad, el exotismo y la exagerada sensualidad propios de la corriente modernista. Se nota una mayor interiorización y reflexión acerca de los problemas existenciales que son condición propia del individuo. En todo el texto observamos solamente dos símbolos (los fúnebres ramos de la tumba y los frescos racimos de la carne); en lo demás, la expresión es directa.

 

El tema del poema es la reflexión angustiada sobre el dolor de vivir y el sentido de la vida humana, en contraste con la certeza de la muerte. Esta desazón existencial es propia de la crisis del fin del siglo y es un tema típico del Modernismo.

 

El poema se divide en cuatro apartados. En los primeros cuatro versos se muestra el dolor del hombre por ser consciente, frente a los demás seres de la creación. Los verbos están en presente. En los siguientes cinco versos se expresa la angustia ante la incertdumbre de la vida, en contraste con las certeza de la muerte. Predominan los infinitivos y formas verbales que se proyectan a un futuro (incierto y angustioso). En los siguientes versos (de 10 a 11) aparecen los dos polos opuestos de la vida del hombre: la vida tentadora con sus placeres (la carne que tienta con sus frescos racimos) y la muerte que nos espera como el mayor dolor (la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos). Los verbos otra vez están en presente. Los últimos dos versos expresan la angustia existencial ya tratada, pero ahora sintetizada en dos versos finales y de forma exclamativa.

 

En cuanto a la métrica, el texto tiene una estructura característica del Modernismo. Consta de tres estrofas, de las que las dos primeras son servantesios de versos alejandrinos de rima consonántica y alterna (ABAB-CDCD). La última es otro servantesio, pero el último verso, en vez de ser alejandrino, se fragmenta en dos: un eneasílabo y un heptasílabo. (El uso de versos alejandrinos y eneasílabos es una inovación modernista.) El poema se puede considerar también un soneto truncado: el último terceto se reduce a dos versos.

 

En el primer apartado se manifiesta una actitud pesimista ante la vida: la vida supone para el hombre dolor. Este término se repite en el tercer verso dos veces, y se refuerza con el sustantivo pesadumbre. El dolor es una parte inseparable de la existencia humana: el dolor de ser vivo. (Ya el título nos advierte del sentido doloroso del poema.) Se hace una gradación entre los seres de la creación:

1.            la piedra (no siente)

2.            el árbol (apenas sensitivo)

3.            el hombre (sensitivo y consciente)

(A la vez la piedra y el árbol son personificados.) Así, todos los seres de la creación, excepto el hombre, son dichosos. El hecho de ser consciente de ser vivo (es decir, la capacidad de reflexión sobre el destino y el sentido de la vida y de la muerte) supone el mayor dolor.

 

Esta primera estrofa formula toda la idea del poema, mientras que las dos siguientes son una enumeración de los males que supone el vivir y que provocan la angustia existencial, el peor de los cuales es la certeza de la muerte (el espanto seguro de estar mañana muerto). Gracias a los recursos que utiliza, Darío consigue una mayor expresividad de sus sentimientos. Se basa sobre todo en la repetición. Utiliza polisíndeton: todos los elementos de la enumeración se coordinan con la conjunción copulativa /y/, como si la angustia del poeta fuera aumentando. La fuerza de su angustia existencial está en la acumulación de los verbos en infinitivo (ser, saber, sentir, haber, estar muerto, sufrir) y en los sustantivos (vida, dolor, árbol, piedra, pesadumbre, rumbo...), unidos por dicha conjunción /y/. El poeta siente que viviendo en el presente no tiene ningún agarradero en el pasado ni en el futuro, mira el pasado y el futuro atemorizado:

 

Y el temor de haber sido y un futuro terror...

Y el espanto seguro de estar mañana muerto,

Y sufrir por la vida y por la sombra...

 

El crecer de la emoción se manifiesta no en representaciones cada vez más violentas, sino con la insistencia de las visiones pesimistas.

 

Otro recurso, que se da a lo largo del poema, es la antítesis, por ejemplo: por la vida/por la sombra (metáfora de la muerte), sensitivo/ya no siente, frescos racimos/fúnebres ramos.

 

También se observa una gradación ascendente de términos que significan miedo, angustia: temor, terror, espanto (versos 6-7) y que abarcan los tres tiempos: presente (ser sin rumbo cierto), pasado (el temor de haber sido) y futuro (un futuro terror), lo que supone una angustia dolorosa, que siempre ha existido y siempre existirá.

 

La tercera estrofa está relacionada con la anterior mediante un violento encabalgamiento que une el segundo servantesio con el tercero y que refleja la brusquedad del ánimo del poeta. En este servantesio se nos muestran dos polos opuestos de la vida humana: lo erótico y vital (la carne que tienta con sus frescos racimos) y la muerte (la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos). Para expresar esta oposición Darío utiliza el paralelismo sintáctico, con el mismo ritmo acentual en los dos versos alejandrinos, y la antítesis (ya comentada).

 

En las estrofas segunda y tercera los versos tienen un mismo esquema rítmico (o apenas cambiado). La emoción crece y en el penúltimo verso (y no saber adónde vamos) llega su culminación, que se muestra a través de un violento cambio de la métrica. Después del insistente ritmo de los versos alejandrinos aparece uno de nueve sílabas. El retorno al verso alejandrino en el último verso resalta el valor expresivo de esta ruptura momentánea del ritmo. Estos dos últimos versos constituyen una síntesis de toda la angustia existencial que nos ha mostrado el poeta en todos los versos anteriores. Además de adoptar una forma métrica diferente, resaltan por ser exclamativos. También se utiliza el paralelismo y la antítesis otra vez para resumir la falta de sentido, de rumbo, de la existencia humana:

 

¡Y no saber adónde vamos

Ni de dónde venimos!

 

Lo fatal es el más grave resumen de todo el drama que vivió Darío. Una reflexión existencial sobre el sentido de la vida que revela una profunda melancolía. El poeta así explicó su texto: “En Lo fatal, contra mi arraigada religiosidad y a pesar de ello, se levanta como una sombra temerosa un fantasma de desolación y de duda. Ciertamente, en mí existe, desde los comienzos de mi vida, la profunda preocupación del final de la existencia, el terror a lo ignorado, el pavor a la tumba, o, más bien, del instante en que cesa el corazón su ininterrumpida tarea y la vida desaparece de nuestro cuerpo. En mi desolación me he lanzado a Dios como un refugio, me he asido de la plegaria como de un paracaídas. Me he llenado de congoja cuando he examinado el fondo de mis creencias, y no he encontrado suficientemente maciza y fundamentada mi fe, cuando el conflicto de las ideas me ha hecho vacilar y me he sentido sin un constante y seguro apoyo. Todas las filosofías me han parecido impotentes, y algunas abominables y obras de locos y malhechores. En cambio, desde Marco Aurelio hasta Bergson, he saludado con gratitud a los que dan alas, tranquilidad, vuelo apacible y enseñan a comprender de la mejor manera posible el enigma de nuestra estancia sobre la tierra”.

 

En el poema aparecen ya los conceptos claramente existenciales. Darío no era filósofo, pero, como habla de “la vuelta de hombre sobre sí mismo en su cualidad de ser para la muerte”, se puede considerar como primer poeta existencial en lengua castellana. Algunos críticos ven la conexión de la filosofía de Schopenhauer con este poema que “incluye una trágica desesperación ante la realidad de la existencia humana y el rechazo de la conciencia y de la sensibilidad al ser fuentes de dolor”.

 

Darío, como hombre de su época, acusó profundamente sus crisis religiosas y morales. Por eso sus versos no son simplemente la imitación de una moda, sino auténticos reflejos de duda y angustia.

 

Puede considerárselo como el primer escritor verdaderamente profesional de Latinoamérica y gracias a su ejemplo la literatura hispanoamericana desarrolló una preocupación más seria por la forma y por el lenguaje.

        

LO FATAL

 

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,

y más la piedra dura, porque esa ya no siente,

pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,

ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

 

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,

y el temor de haber sido y un futuro terror…

Y el espanto seguro de estar mañana muerto,

y sufrir por la vida y por la sombra y por

 

lo que no conocemos y apenas sospechamos,

y la carne que tienta con sus frescos racimos

y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

 

¡y no saber adónde vamos,

ni de dónde venimos…!

 

YO SOY AQUEL (fragmento)

Yo soy aquel que ayer no más decía
el verso azul y la canción profana,
en cuya noche un ruiseñor había
que era alondra de luz por la mañana.

El dueño fui de mi jardín de sueño,
lleno de rosas y de cisnes vagos;
el dueño de las tórtolas, el dueño
de góndolas y liras en los lagos;

y muy siglo diez y ocho y muy antiguo
y muy moderno; audaz, cosmopolita;
con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo,
y una sed de ilusiones infinita.

En mi jardín se vio una estatua bella;
se juzgó mármol y era carne viva;
una alma joven habitaba en ella,
sentimental, sensible, sensitiva.

 

Ma³gorzata Wielgosz©2010

 

BIBLIOGRAFÍA:

1.  Amado Alonso (1991): “Lo fatal; Estilística de las fuentes literarias”, en Goic Cedomil: Historia y crítica de la literatura hispanoamericana. Del Romanticismo al Modernismo, Barcelona: Editorial Crítica.

2.  Bellini Giuseppe (1997):“Darío y la difusión del Modernismo”, en Nueva historia de la literatura hispanoamericana, Madrid: Editorial Castalia.

3.  Darío Rubén (1959): “Lo fatal”, en Cantos de vida y esperanza, Buenos Aires: Espasa Calpe Argentina.

4.  Darío Rubén (1959): “Yo soy aquél”, en Cantos de vida y esperanza, Buenos Aires: Espasa Calpe Argentina.

5.  Edmée Álvarez María (2003): “Modernismo. Rubén Darío”, en La literatura universal a través de autores selectos, México: Editorial Porrúa.

6.  Fernández Teodosio (1989): “El Modernismo”, en La poesía hispanoamericana (hasta final del Modernismo), Madrid: Editorial Taurus.

7.  Franco Jean (1999): “Rubén Darío”, en Historia de la literatura hispanoamericana, Barcelona: Editorial Ariel.

8.  Navarro Durán Rosa (2000): “Darío Rubén”, en Enciclopedia de escritores den lengua castellana, Barcelona: Editorial Planeta.

9.  Oviedo Miguel José (2001): “Arte y magisterio de Darío”, en Historia de la literatura hispanoamericana. Del Romanticismo al Modernismo, Madrid: Alianza Universidad Textos.