la revista on-line de la facultad de Filología Hispánica de Poznañ

   

 

agregame a favoritos|contacto
Internet EsPa'Ti

 
     Portada
     Actualidad
     Vida Universitaria
     Mundo Hispano
     Literatura
     Críticas y análisis
     Traducción
     Nuestras obras
     Entrevistas
     Literarias
     Otras entrevistas
     Cultura
     Cine
     Música
     Deportes
     Artyku³y po polsku
     Enlaces
     Mapa del sitio
     Contacto
 
 

 Proyecto "Mex-Pol": lo que nos une y lo que nos separa

 

México y Polonia, dos países tan diversos, un gigante territorial de la llamada América Latina y un pequeño país de Europa Central, dos universos tan lejanos lograron unirse y entablar una amistad a través de unas ciertas semejanzas en la visión del mundo que causó no solamente el interés, pero también la simpatía entre algunas partes de sociedades en cuestión.

 

Analizándolo de una perspectiva global y socio-política, las relaciones entre México y Polonia datan de la primera mitad del siglo XX, a primera vista es un contacto tardío, pero hay que tener en cuenta algunas circunstancias históricas. Resulta que a ambos países, aunque separados por el Océano, les unieron ciertas similitudes políticas que les impedían establecer cualquier tipo de relaciones bilaterales antes de haber finalizado las luchas por independencia y democracia. No obstante, desde el primer contacto se puede hablar de un tipo de amistad que crece entre estos países y que da sus frutos en forma del apoyo de las autoridades de México quienes se declararon firmemente a favor de la defensa de independencia polaca durante la II Guerra Mundial, de esta manera México se convirtió en una segunda patria para los refugiados polacos y, al acabar la guerra, fue México el primer estado latinoamericano que aprobó el Gobierno Provisional de la Nación Polaca.

Es evidente que México, tan exótico, tan diferente, tan lejano, hoy en día es un importante socio político para Polonia. Además, si queremos buscar paralelismos, no es tan difícil como parece, por ejemplo: tanto Polonia como México están orgullosos de su pasado y de sus tradiciones, tuvieron que luchar por la independencia y consolidar sus democracias y lo más importante, aunque nuestras culturas sean diferentes, nos entendemos perfectamente porque existe un lazo misterioso e invisible entre el alma polaca y la espiritualidad típicamente mexicana.

 

No obstante, si miramos la sociedad polaca como una masa, un polaco medio no sabe mucho de este país dónde ni siquiera se puede pasar vacaciones ya que los billetes de avión son carísimos. A un polaco medio le suenan las pirámides mayas, a veces llega a pronunciar (siempre de manera incorrecta) el nombre de Quetzalcoatl, sabe identificar el tequila y diferenciarlo del vodka y en la mayoría de los casos asocia el país de México con telenovelas, cocina picante, mariachis y un personaje sentado al lado de un cacto con una cara “decorada” con el bigote. Todo esto concierne la sociedad polaca media, pero felizmente existe una, cada vez más vasta, minoría que estudió o esta estudiando español no solamente para irse de vacaciones a Costa Brava, sino también para conocer la cultura hispanohablante. Esta gente intenta descubrir lo que se esconde debajo de los tópicos, está luchando contra los estereotipos usando todos los medios disponibles...

 

Y aquí aparecen complicaciones. Resulta que el mundo del habla hispana es tan vasto y tan rico que es imposible constatar: “vale, ya sé todo lo necesario”. Por un lado, esta cualidad nos hace perplejos frente a toda la abundancia de información para captar, por otro, perderse en este universo, en toda su diversidad es lo más excitante. Sin embargo, para desarrollar su propio ser y encontrar una salida al mismo tiempo, una persona que decide entrar en este mundo complejo para profundizar sus conocimientos necesita a un guía con quien no solamente podría entablar un diálogo, sino también una cierta amistad o incluso un tipo de comprensión recíproca de “elementos” que podemos llamar “almas culturales”.

Este es el caso de las relaciones entre los polacos y los mexicanos, esta vez no en el nivel de la política internacional. Resulta que las dos naciones encuentran fácilmente una línea de comprensión fuera del mundo diplomático, en cooperación cotidiana.

 

Seguramente todo lo escrito hasta ahora puede sonar a algún tipo de propaganda, pero la colaboración entre la Universidad Veracruzana de México y la filología hispánica de la Universidad Adam Mickiewicz de Poznañ demuestra que no son palabras vagas ni constataciones sin sentido. El apoyo y la ayuda de los creadores de tales proyectos como “El periodiquito” o “Molino de cuento”, José Miguel Barajas García, Daniel Peralta y su equipo, nos permite a los estudiantes de español de Poznañ enriquecer nuestros conocimientos sobre México y su gente utilizando las fuentes de información directas. Asimismo, tenemos una oportunidad excepcional de comprobar la tesis que los mexicanos y los polacos se entienden perfectamente y que pueden crear algo juntos a pesar de la distancia que les separa y todas las diferencias socio-políticas y culturales. Es sobre todo gracias a los artículos de los estudiantes veracruzanos publicados en EsPa’Ti y Espejismo que los estudiantes posnanienses tienen acceso al pensamiento mexicano sin “espejos deformantes”.

 

En consecuencia, los lazos entre México y Polonia no conciernen únicamente a los políticos. Esta unión y entendimiento recíproco se manifiesta en todos los niveles de contacto desde los más oficiales, hasta los más cotidianos como la colaboración entre unos estudiantes de dos universidades separadas por “el charco” y la gran parte del continente europeo. Además, el proyecto bautizado para las necesidades de este texto como “Mex-Pol” (suena como el nombre de alguna empresa, pero en realidad se puede decir que sí, es una empresa) sigue desarrollándose y esperemos que dé más frutos en forma de intercambio de textos, artículos e ideas.

 

Maya Koszarska©2007