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 Diego Andrés Reyes Rojas (Alias Lidia Muxica) de Xalapa y sus poesías

  

 

Índice de los poemas

Coral y Orfeo en una noche tosca de Xalapa

Intuición de Cabalgata

Malolita

¿Que mentira debo sostener?

Nube

¿En una recta circular?

 Poema nº II

 

 

CORAL Y ORFEO EN UNA NOCHE TOSCA DE XALAPA.

 

En la noche, después de horas de lectura,

me reproché extasiado

el tiempo que pierdo leyendo poesía.

Medité un poco mi autocrítica:

miraba por la ventana

desde una ventana alta de algun edificio largo;

la perspectiva recurrente de los días

una estepa de tinacos, antenas y azoteas;

engañosamente lejos,

el monte verde y el cielo nublado

(nubes de unidad suntuosa,

nubes obscuras de la noche más densa y más fluvial

-de bordes filosos-

de niebla un mar violento en la mañana).

Contemplé absorto unos segundos

y después,

volví aplicando la mirada a los versos en el libro.

 

Intuición de Cabalgata

 

Me insinuo en mis recuerdos

como la foto de un espejo que se empaña.

Creo que duermo

o por lo menos lo intento.

 

Crece un rumor dudoso

como de amanecer apresurado.

La luz penetra incierta en la cortina.

Seco, pesado y tumultuoso el cuerpo:

grietas de un muro que antaño protegía.

 

¿Habré dormido?

si bebí,

bebí y ahora estoy decapitado.

Ahora estoy despierto

y lo resisto como ave lastimada.

 

Flechas de augurio perforan mi cabeza,

dejan caer el galope de mi sangre sonbre los párpados

sangre pesada que se oye desde lo lejos.

Se escucha un pulso lento como el trote

de un caballo que lleva ensima a su jinete muerto.

 

Me miro a mí mismo y la furia de un infante me domina,

me mira resentido con un dedo hasta el fondo en la garganta.

Se crispa el frio en mi columna

y un anciano calvo me inventa enfermedades,

endurece mis ojos

mis huesos de durazno.

 

Esperaría

         si pudiera

sentir la hez etílica de un escupitajo,

mantener completas las hojas del invierno

                            en mi mano sudoroza.

 

Recojeré a tientas mis oidos que yacen en la hierba.

 

Pero el ímpetu no falta:

la soga

la cuchilla

sobredosis de palabras o substancias

nulas bajo el rumor de una voz que reconozco.

 

Y a veces me levanto en las mañanas

en las mañanas aún obscuras.

Desnudo

como sólo yo podría estarlo,

incógnito e insomne

murmurando atrapado en la conciencia

rasgando las paredes de un día

como cualquier otro.

 

Malolita

 

En tu casa, mi casa de la infancia

camino junto a ti, entre tu huerto,

debajo del granado retorcido.

 

El zapote viejo y solitario

parece incendiarse de firmeza.

Noto la hiedra fiel que te pisa los talones

y el maullido de los gatos a través las paredes.

 

De pronto advierto augurios de tu muerte,

rozan mi cabeza

igual que tu caricia contrita por mi pelo.

Miramos el pozo destruido

y la fuerza senil con que aprietas mi brazo

es más densa y virtuosa que mi juventud entera.

 

Me detengo, es vetusto el aire incierto que respiro.

 

Tú, Úrsula esteparia

mimas suavemente cada planta en tu jardin

y se reseca la nostalgia de una primavera

que hoy ya no conservas.

 

De regreso entre paredes

ya en la hora parda de aquel día

durante el cenit obscuro del canario,

la noche se vuelve más noche

y las sombras más antiguas merodean tu casa.

 

Observo tu mirada desplumada por el tiempo

recordando tus años de ave guía,

volabas fuerte por corrientes cálidas

y aunque el huerto de tu vida siga verde

las corrientes del invierno se arrugan sobre ti

y los canarios se marchitan en su jaula.

 

¿QUE MENTIRA DEBO SOSTENER?

 

La celosía se asoma en tu mirada

a conciencia de escondite,

se pierde cual corola de cenizas en el fuego.

 

Se incendia mi garganta de pequeñas llamas

o de whiskey

y entonces las palabras.

-Quiza dentro de un tiempo.

-El cielo en realidad no tiene coordenadas.

-Tengo miedo, no apagues la luz.

 

Detrás de ti

se refleja una muñeca sin ojos y sin brazos,

una pieza de juguetería con la vagina dentada

y vestida de escalofríos desconocidos.

 

El ladrido débil de una noche me quita el sueño.

            Se quedo tu saliba entre las líneas

parasiempre tenue

            intacta.

 

-¿Nuna me mentiste?

-Claro que sí, pero que pregunta tan estúpida.

-¿Me condenarías televisiva si me convierto en sodomita?

-¿Me tirarías de un quinto piso?

-Yo tendría que correrme sobre la banqueta fría

                                               pero nunca más sobre tu espalda.

 

Mi voz

que se forma de mil voces iguales a la tuya

se queda entre los huecos

y reverbera sonidos que yo nunca articulé.

 

Quizá soy el reflejo cansado de un mundo colorido

un punto suave sobre la i

el clic de una lámpara encenddida

o la mierda entre los dedos marroquís de un hombre gordo.

 

-¿Quien podría negarlo

 después de ver mis cicatrices secándo bajo el sol?

-Quería esconderme bajo las espinas.

 

                                                           Lidia Muxica

 

NUBE

 

Me asombras nube inmensa lluviosa de gotas turbias:

dejas atrás el cielo para buscarle un principio

y sobre todas las cosas nunca dejas de ser nube.

 

Yo, entre el vaho terroso de mi vida,

advierto augurios de tormenta;

el relieve de tu sombra es fresco

y mi erosión parece que descansa.

 

Te percibo desmembrada y a lo lejos.

Pasaste falsa con tu sombra,

dejaste húmeda la luz.

Llovieron otras tempestades,

crecieron yerbas malas en mis grietas

mas huele a tu sexo la tierra mojada.

 

Regresas superior e indiferente,

somos dos espejos soberanos.

Tú: nube de tierras bajas y humedad sin cuitas;

Yo: suelo suplicante, agrietado hasta el temblor

a la espera polvorienta de tu sombra indómita.

 

Pero aquí el viento no habló de profecias,

no hay diluvios prometidos

que arranquen las raíces secas de mi aridez lacónica,

ni existe la gota lúbrica de un cactus

                            que te sostenga en sus espinas.

 

¿En una recta circular?

 

El viejo sol del nuevo día

y esta respiración

que a menudo es tan extraña.

Se te invoca una palabra

y es la madrugada que te invita a

defecar sobre sus blancas zapatillas.

 

Es más fácil  cosechar el asco

bajo el tunel humedo de estiercol

o de eso que llamamos poesía.

Respiremos flama espesa

que se envuelve escupitajo en fotosíntesis.

 

o él

o cualquier otro,

cualquier cigarrillo de cualquier marca

siempre y cuando raspe la garganta

hasta la luz extinta

que confiabas viva en la pupila o en tu sexo.

 

Si, sostengo todo el mundo en la garganta,

un mundo que no es el mundo

sino unos cuantos tragos de textura.

A veces es peor:

una hoja en blanco

o el papel vagamente garabatedo como un vómito.

 

El analgésico silencio que ansio por las noches,

se extravió en las botellas en las que alguna vez confié.

Ahora  me raspo con los ásperos contornos

y espero a que se quede todo obscuro.

 

Dicen que el silencio es sabio

que el silencio es el pulso muerto de la vida,

pero yo hablo dormido.

Las palabras son la cuña

entre el sueño y mi vigilia

como un dedo permanente en la garganta.

 

Poema nº II

 

Prendo el cerrillo 

y fumo.

Fumamos los oasis del letargo

y mis ojos que se vuelven horizontes.

 

La noche me obliga a cargarla en mis espaldas

tú rellenas las estrellas con preguntas

y yo me quejo de la luz que es tan incierta.

 

El cielo, tan dulce de noche

derrama luz de luna o de durazno,

constelaciones que escurren de mis labios,

pero tú tienes más caras que la luna.

 

La sangre, el vino, corren por mi cuerpo

mis conjuros se enmarañan con tu pelo.

Te sientes ofendido entonces, comunmente ajeno

cual reminisencia paliativa de nostalgia.

 

Tú fumas y no te reconoces,

bebes,

mañana serás otro y no me volverás a hablar,

seré una visión nocturna

una necedad onírica que nunca recordarás.

 

Tiro la cenizas en tus piernas

me miras desahuciado y encendido,

me harás limpiarlas con la lengua

y apagarás tu cigarrillo en mi columna.

 

Yo tiré las cenizas.

 

El viento azaroso decidió no interesasrse

el tiempo se detuvo para que yo intervenga

el agua clara surge de mis poros

y tú, ingenuo

bebes creyendo en el milagro del vino

en el milagro del pan

en el desierto de mi piel que es una selva

donde fluye la cascada de entrepiernas.

 

                                               Lidia Muxica

 

 

Diego Andrés Reyes Rojas©2009