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 Polonia: un país lleno de sorpresas

 

Mi nombre es Javi y a continuación quiero relatar algunas de las costumbres que más me han sorprendido durante mi viaje a Polonia este verano. Puedo decir que ha sido hasta el día de hoy uno de los mejores viajes que he hecho en mi vida. Quizás esto también sea debido a que dicho viaje lo hice sólo (a todo el que pueda le recomiendo viajar sólo, no tener que depender de nadie para moverte de un sitio a otro es lo mejor) y únicamente estuve acompañado en Polonia con dos amigas que hasta la fecha solamente conocía por Internet y por algunas llamadas telefónicas. Tras esta presentación, iré al grano.

 

Como suele pasar si eliges las denominadas compañías de bajo coste, mi viaje comenzó con dos horas de retraso. Mi avión salió de Barcelona (mi ciudad) la noche del 23 de junio que, junto con la fiesta de fin de año, es la celebración más importante de Cataluña (“La nit de Sant Joan”). Debido a este retraso llegué a Cracovia sobre las tres de la mañana. A pesar de todo lo antes ocurrido, la primera sorpresa polaca ya me estaba esperando: pude advertir que empezaba a amanecer. Este hecho tan sencillo me chocó puesto que estoy acostumbrado a ver amanecer sobre las 6 de la mañana.

 

Era solamente el principio ya que desde el momento en que llegué al aeropuerto hasta mi vuelta a Barcelona pude observar los comportamientos que en España no son muy típicos como el uso muy frecuente de las palabras “proszê” y “dziekujê”. En realidad, era algo sorprendente ya que no estoy acostumbrado a tantos modales. Lo mismo digo respecto al hecho de esperar en el semáforo hasta que se ponga en verde para que los peatones puedan cruzar la calle. Aunque en Polonia vi a algunas personas que no cumplían con esta regla, en España es una costumbre bastante generalizada de primero mirar y, si no viene ningún coche, cruzar la calle aunque el semáforo esté en rojo.

 

Al día siguiente por la mañana estuve dando un paseo por el casco antiguo de Cracovia y otro comportamiento llamó mi atención. Vi que todos los alumnos iban al colegio muy arreglados: con camisa blanca, traje o vestido las chicas. Según me dijo mi acompañante era el último día de clase y todos los jóvenes que todavía frecuentan los colegios suelen vestirse mejor para ese día. La misma tarde fuimos a O¶wiêcim; en el trayecto vimos a un profesor vestido con traje y corbata, cargado con flores y alguna planta. Luego me enteré que también era costumbre en Polonia regalarle algo al profesor en el último día de clase. Durante el mismo viaje tuve también la oportunidad de comprobar el carácter seco de los revisores de los trenes, soy incapaz de imaginarme a uno sonriendo.

 

Otra cosa que me sorprendió desde el primer día fue que en Polonia no se sigue un horario para las comidas, sino que cada uno come cuando quiere o tiene hambre. Algo a lo que acabé acostumbrándome, pero que me trajo algún contratiempo, sobretodo al principio. Del mismo modo, el horario intensivo de los comercios me trajo algún problema ya que aquí se pueden encontrar algunos centros abiertos hasta las 22:00, y según somos los españoles, que solemos dejar las cosas para el último momento (como pasó igualmente con la redacción del texto que tenéis ante los ojos), pues ya os podéis imaginar...

 

Lo que me sorprendió de manera muy positiva y que me gustó mucho era el hecho de existencia de las tiendas con bebidas alcohólicas abiertas las 24 horas lo que en España está prohibido entre la medianoche y las ocho de la mañana. Pero, por otro lado, la existencia de estas tiendas en Polonia se contradice con beber en la calle. Sin embargo, algo que eché a faltar en dichas tiendas fueron cubitos de hielo para poder preparar algún combinado, de modo que me limité prácticamente a beber cerveza polaca, sin duda una de las mejores que he probado en mi vida.

 

Recorriendo Polonia me encontré con comportamientos con los que estoy completamente de acuerdo, como el hecho de estar permanentemente prohibido fumar en estaciones de tren o autobús. En España también existen las mismas prohibiciones, el problema es que la gente no es tan respetuosa. Asimismo, otra particularidad de la vida en Polonia me sorprendió enormemente y fue el tener que pagar cada vez que se iba a los servicios. Hasta la fecha sólo lo había visto en alguna discoteca para turistas en Cuba y no esperaba encontrarlo en un país como Polonia.

 

Durante mi viaje me acostumbré gradualmente a todas estas cosas, pero cuando fui a la casa familiar de una de mis acompañantes varios hábitos domésticos me volvieron a sorprender como el mismo rito de entrar en la casa. Resultó que todo el mundo tuvo que quitarse los zapatos y andar descalzo por el piso, lo que originó que mi amiga me diera un grito cuando caminé unos pasos por el pasillo sin quitarme el calzado. (Aquí querríamos explicar para los que no lo saben o lo han olvidado que pedir el huésped que se quite los zapatos es una señal de mala educación según el savoir-vivre polaco- Redacción)

 

Igualmente curioso para mí fue el hecho de que en todas las casas hay un aparato para calentar agua y preparar el té (czajnik). Si tenéis pensado venir a España por una temporada larga, os recomiendo traerlo de allí ya que aquí eso no lo he visto.

 

En lo que atañe a la comida polaca, me gustó mucho todo lo que probé: sopas, carne, embutidos, “pierogi”, dulces y pasteles… Pero he de reconocer que me sorprendió que se comen muchos pepinillos y sobretodo patatas, en cambio el pan aparece en la mesa polaca ocasionalmente. Para los españoles el pan es algo muy normal y si comemos en un bar o restaurante nos lo sirven directamente. En Polonia al contrario hay que pedirlo expresamente o te quedas sin comerlo, como me pasó a mí varias veces.

 

Durante mi estancia era la temporada de las cerezas y las fresas, también pude probar una bebida a base de machacar las fresas y hervirlas, pero una cosa con la que no estoy de acuerdo es la opinión de que las manzanas polacas son diferentes. Al menos las que yo probé sabían igual, y de hecho sé que muchas de las que se consumen en Polonia salen de Almería. (Las manzanas polacas sí son mejores y saben diferentemente. Sin embargo, el verano no es la temporada de las manzanas en Polonia, al contrario, es el tiempo dominado por la importación. ¡Invitamos en otoño!- J comentario de los patriotas polacos.)

 

En cuanto a las bebidas no alcohólicas, me llevé una gran sorpresa al pedir mi primer café ya que el camarero me trajo una taza enorme que no pude acabar. A partir de ese momento sólo pedí café expresso, que es el que se suele tomar en España y al cual estoy acostumbrado.

 

Como última curiosidad resaltaría la gran cantidad de iglesias que hay por todo el país y la gran religiosidad por parte de los polacos. Recuerdo también que un día un amigo mío, que vive cerca de Varsovia, me comentó que en Polonia sólo es posible casarse el sábado. Al oírlo me sorprendí bastante porque en España es posible casarse cualquier día aunque la mayoría elige el fin de semana.

 

Por último, aunque sé que no se puede generalizar, me gustaría resaltar el buen trato que he recibido por parte de toda la gente que he encontrado durante mi viaje. En todo momento me sentí como en casa y eso vale más que cualquier riqueza del mundo. Les doy las gracias a todas las personas que me han ayudado tanto antes de mi viaje como durante el mismo.

 

Javier, Barcelona©2005