la revista on-line de la facultad de Filología Hispánica de Poznañ

   

 

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 Rompecabezas

 

Aunque sé muy bien que esta página sirve para divulgar entre los estudiantes la cultura y la literatura española e hispanoamericana, quisiera escribir sobre un libro que no es fruto de ninguna de las dos. Se titula ‘La Trilogía de la Ciudad K.’ y su autora es Agota Kristof (¡no la confundáis con Agatha Christie!).

 

El libro es un verdadero rompecabezas que empieza inocentemente por una parte titulada ‘El Gran Cuaderno’. La acción está situada en un país que tras la Segunda Guerra Mundial se encuentra bajo el dominio soviético. No se nombra ningún país en concreto, pero se podría deducir que se trata de Hungría, el país de origen de Kristof. Los protagonistas son  unos gemelos, Claus y Lucas, a los que su madre les deja en casa de su abuela a la que nunca habían visto antes. La mujer está obligada a hacerlo porque la situación política en la Ciudad Grande, donde viven, es dramática, mientras que la Ciudad Pequeña de la abuela es mucho más tranquila. No obstante, la situación en casa dista mucho de serlo porque la anciana es una hechicera despiadada que influirá de un modo tremendo en el comportamiento de los inocentes chicos.

 

La más impresionante y estremecedora es justo la primera parte de la trilogía en la que la voz del narrador es la de los gemelos. Cuentan cómo en casa de la abuela, de ser unos chicos buenos y sensibles, se vuelven también despiadados, pero además maduran antes de tiempo. El lenguaje que usan es muy directo, no hay nada que sobre y seguramente no tiene nada que ver con el de los demás niños. Por una parte, está lleno del vocabulario elevado aprendido a través de la Biblia y por otra, abunda en palabrotas aprendidas a través de los adultos.

 

Los cambios que tienen lugar en los chicos les llevan a cometer actos crueles, crímenes y asesinatos. Lo hacen todo juntos hasta el día en el que deciden separarse para aprender a vivir el uno sin el otro. ¡Su determinación y su crueldad parecen no tener límites! Aquí acaba la historia fácil. En la segunda y la tercera parte, tituladas ‘La Prueba’ y ‘La tercera mentira’ respectivamente cambian los narradores. Éstos nos revelan hechos que en el ‘El Gran Cuaderno’ no habían aparecido. Algunos de ellos se contradicen con los hechos ya conocidos, por lo que el lector se puede perder. Resulta difícil distinguir la verdad de lo falso. Acabada la primera parte, tan ligera en el estilo y fuerte en el cotenido, simplemente hay que poner en marcha la materia gris. Yo misma, en algún momento, me pregunté si realmente entendía lo que leía, pero la curiosidad por descubrir la verdad no me permitía dejar de leer. A medida que lo hacía, la historia se iba aclarando y sus trozos, encajando. Despertar este interés y curiosidad en el lector es, en mi opinión, la clave de un libro bueno y la trilogía lo es sin duda alguna.

 

La obra es muy compleja y su lectura provoca tantos sentimientos diversos: la admiración, el ansia, la decepción, la compasión, la perplejidad, la confusión, la incomprensión, la sorpresa, el enfado. Un libro que despierta en el lector tantas sensanciones es de verdad digno de ser leído y releído. Yo ya estoy pensando en la segunda lectura.

 

Por desgracia, ‘La Trilogía de la Ciudad K.” no ha sido traducida al español, pero la podéis encontar en francés (la versión original), polaco, italiano e inglés. He traducido dos capítulos  de “El Gran Cuaderno’ y los adjunto para animaros a que leáis el libro entero. Si lo he logrado, me gustaría conocer su opinión acerca de él.

 

Ejercicio para robustecer el cuerpo

     Abuela nos pega a menudo con sus manos huesudas, con una escoba o con un estropajo mojado. Nos tira de la orejas, nos agarra por el pelo.

     Los demás también nos dan bofetadas y patadas, ni siquiera sabemos por qué.

     Los golpes nos duelen y nos hacen llorar.

     Las caídas, las raspaduras, los cortes, el trabajo, el frío y el calor son, de la misma manera, causa de sufrimiento.

     Decidimos robustecer nuestro cuerpo para poder soportar el dolor sin llorar.

     Comenzamos por darnos bofetadas el uno al otro, después, puñetazos.

     Al ver nuestra cara tumefacta, Abuela pregunta:

 -¿Quién os ha hecho esto?

 -Nosotros, Abuela.

 -¿Os habéis peleado? ¿Por qué?

 - ¡Qué va, Abuela! ¡ No te pongas nerviosa!, es sólo un ejercicio.

 -¿Un ejercicio? ¡Estáis completamente locos! Bueno, si os divierte...

Estamos desnudos. Con un cinturón nos pegamos el uno al otro.

Tras cada golpe repetimos repe:

 -No duele.

Nos damos golpes más fuertes, siempre más fuertes.

Pasamos las manos encima de una llama. Con un cuchillo nos quemamos el muslo, el brazo, el pecho y echamos alcohol sobre las heridas.

Cada vez decimos:

 -No duele.

Al cabo de poco tiempo, efectivamente ya no sentimos nada. Es a otra persona a la que le duele, es otra persona la que se quema, se corta, sufre.

Ya no lloramos.

Cuando Abuela está nerviosa y grita, le decimos:

 -¡Deje de gritar, Abuela, péguenos

Cuando nos golpea, le decimos:

 -¡Más, Abuela, más! Mire, ponemos la otra mejilla, tal como está escrito en la Biblia. ¡Denos una bofetada, Abuela!

Ella responde:

 - ¡Id al diablo, vosotros, vuestra Biblia y vuestras mejillas!

 

Otros niños

     Encontramos otros niños en la Ciudad Pequeña. Como la escuela está cerrada, están fuera todo el día. Los hay grandes y pequeños. Algunos tienen aquí su casa y su madre, otros vienen de fuera como nosotros. Sobre todo de la Ciudad Grande.

     Muchos de los niños están recogidos e en casas de personas a las que no han conocido antes. Tienen que trabajar en los campos, en las viñas. Las personas que los tienen a su cargo no son siempre amables con ellos.

     Los niños grandes a menudo atacan a los pequeños. Les roban todo lo que tienen en los bolsillos y a veces también la ropa. También les golpean, sobre todo a los que vienen de fuera. Los pequeños de aquí están protegidos por sus madres y nunca salen solos.

     Nosotros no estamos protegidos por nadie. Así, aprendemos a defendernos de los grandes.

     Fabricamos armas: afilamos piedras, rellenamos las medias con arena y gravilla. Tenemos también una navaja que encontramos al lado de la Biblia, en un baúl que hay en  la buhardilla. Basta que saquemos la navaja para que los grandes huyan.

 

Agnieszka Kwiatek©2006