la revista on-line de la facultad de Filología Hispánica de Poznañ

   

 

agregame a favoritos|contacto
Internet EsPa'Ti

 
     Portada
     Actualidad
     Vida Universitaria
     Mundo Hispano
     Literatura
     Críticas y análisis
     Traducción
     Nuestras obras
     Entrevistas
     Literarias
     Otras entrevistas
     Cultura
     Cine
     Música
     Deportes
     Artyku³y po polsku
     Enlaces
     Mapa del sitio
     Contacto
 
 

 Visión polaca del mundo: el estereotipo mexicano

 

Indudablemente, la mayoría de la sociedad, cualquiera sociedad, creando una imagen de una nación dada debe servirse del conjunto de características atribuidas a esta nación que funciona en la conciencia de sus miembros. Esta imagen, simplificada, parcial y subjetiva, pero consolidada por la tradición, fue denominada estereotipo.

 

Es una tarea muy difícil huir de los estereotipos que abundan en el mundo de hoy en día. Y no es solamente la tradición que contribuye al desarrollo y creación de una imagen de alguna nación. En la actualidad, es también el cine, la televisión y la prensa que forman o refuerzan las imágenes de otras culturas que crecen en nuestros cerebros.

 

Viendo el poder del pensar estereotípico, en este texto ni voy a pretender luchar contra molinos de viento, además la actitud quijotesca hacia la vida no es la mía. Sin embargo, creo que para un lector mexicano, por que el presente texto está escrito especialmente para el público de este país, puede parecer interesante el estereotipo de México y del mexicano en la conciencia de un polaco medio.

 

No obstante, para empezar, querría aclarar unas cosas, aunque este párrafo contradiga parcialmente a mi postulado de no luchar contra los estereotipos. Aunque sea una persona bien consciente que Polonia no es el centro del Universo, ni tampoco un gigante económico, mis sentimientos patrióticos me hacen consagrar unas frases de este texto a una respuesta a todas las preguntas que los extranjeros suelen hacerme tras enterarse que soy polaca. ¡No! Polonia no forma parte de Rusia, aunque en un momento dado (siglos XVIII-XIX) tuvimos algún episodio parecido. ¡No! En Polonia los osos blancos no se pasean por las calles. No vivimos en una selva polar, tenemos veranos calurosos e inviernos variables, a veces muy dulces, a veces con nieve y temperaturas -15 o más. ¡No! La lengua polaca no es lo mismo que el ruso, son las lenguas de la misma familia eslava, existen interferencias de vocabulario o construcciones gramaticales parecidas, pero son lenguajes diferentes. ¡No! No usamos el alfabeto cirílico, son los rusos, entre otros, nosotros, los polacos, tenemos el alfabeto latín. Y finalmente ¡no! No todos somos rubios de ojos azules. Lo que puede parecer extraño pero es verdad: en Polonia hay tantos rubios que morenos o pelirrojos de ojos azules, negros, marrones o verdes.

 

¡Qué alivio! responder una vez por todas a las preguntas que suelen repetirse. De este modo, puedo pasar al meritum de este texto, el estereotipo de México y de mexicanos en Polonia. Primeramente tengo que apuntar que la imagen que quiero presentar es lo que piensa un polaco medio, excluyendo básicamente a los hispanistas o aficionados a la cultura mexicana que abundan en Polonia puesto que México, contrariamente a mi país, no pasa desapercibido para el mundo, todo lo contrario, aunque tenga sus problemas político-económicos, es un espacio del mundo bastante bien descrito por investigadores, geógrafos o arqueólogos. Asimismo, el nombre de México aparece con frecuencia sorprendente en la televisión a la hora de emitir los programas educativos en National Geographic o Discovery Channel.

 

En consecuencia, la primera asociación que tiene nuestro polaco medio si le decimos México, son las culturas precolombinas. Las denominaciones como Tenochtitlan o Teotihuacan no le parecen extraños, como tampoco lo son Tlaloc o Quetzalocatl. También, y muy a menudo, este polaco medio conoce las reglas del juego de pelota o el significado de las ofrendas humanas. No obstante, y esto tengo que confesar, el problema empieza en diferenciar las culturas andinas de éstas de Mezoamérica. Así, para la mayoría de la sociedad, el “detalle” si se trata de los Mayas, Aztecas, Toltecas o Incas no tiene tanta importancia. En consecuencia, a veces pasa que mi nación traslada a los Incas por ejemplo y les atribuye domicilios en Yucatán.

 

En lo que atañe a los mexicanos más contemporáneos y su aspecto físico, nosotros también tenemos el don de generalizar. Para los polacos el mexicano medio es bajo, moreno, siempre tiene un bigote, lleva un sobrero y bebe tequila. Esta visión, sin duda, fue influenciada por la imagen del mexicano de las películas norteamericanas: de un tío cruel, astuto que también duerme la mayoría del tiempo.

 

Otra imagen de México que existe en Polonia, es la visión promovida por las telenovelas mexicanas que, en una temporada bien determinada, dominaron la televisión polaca, desterrando a las mismas producciones venezolanas o brasileñas. De este modo, las amas de casa que seguían las aventuras de la inolvidable Esmeralda, podían ver el abismo social que existe entre las clases sociales de México: mayoría pobre y los pocos afortunados. Sea o no la verdad, es la imagen telenovelesca de México que domina, de una cierta manera, la visión de este país, no únicamente en Polonia, sino en todos los países donde estas telenovelas fueron, son o serán emitidas.

 

Dejando esta perspectiva cinematográfica, hay que decir que los mexicanos ganaron fama en Polonia por ser personas abiertas, amables, sentimentales y cordiales. Lo que constituye una contradicción respecto a la opinión de Octavio Paz quien describe al mexicano como un ser cerrado, ensimismado, triste y sarcástico, nihilista de manera instintiva, sea quien sea, obrero o profesor universitario, se preserva, se encierra, lleva una máscara del hombre inconmovible e inquebrantable, reservado y resistente. También nos parece obvio (a los polacos) que la nación mexicana es muy religiosa, pero conserva unas ciertas influencias de los ritos precolombinos y chamánicos.

 

El desacuerdo entre estas dos visiones: polaca y paziana, constituye una prueba que los estereotipos son imágenes parciales y generalizadas. Lo que nos lleva a una conclusión que para conocer a una nación no basta leer los libros, ver los programas informativos en la televisión y confiar en todo lo que se dice, todo lo que los otros dan por supuesto. La mejor manera para conocer a un país y sus habitantes es intentar vivir allí sometido a las mismas reglas de convivencia. Pero tampoco, y digámoslo abiertamente, es un método infalible.

 

Maya Koszarska©2006